Agricultura clandestina

b083fe96fac21781a7f20bHace unas semanas murió Du Runsheng a los 102 años y a él le dedico esta columna. Alguien desconocido por estos lares, pero que para 700 millones de personas ha sido vital aunque ellos tampoco lo conocieran.

En el invierno de 1978, 18 agricultores chinos del poblado de Xiaogang, Anhui, se reunieron en secreto para cerrar un pacto que podía poner en peligro sus vidas. El contrato, firmado con sus huellas digitales, exigía que si alguno era encarcelado o ejecutado, las otras familias se harían cargo de sus hijos. ¿Qué podía contener este acuerdo tan temerario?

El sistema comunista en China se encontraba en pleno auge. La agricultura había sido colectivizada en comunas y a cada persona le correspondía una cuota de alimentos. Suena bien pero, ¿para qué trabajar más si te tocará lo mismo que el que menos trabaja?

Este sistema fue el principal causante d41rws9ksmil-_sx336_bo1204203200_e la hambruna más grande de la historia, entre 1958 y 1962, en la cual murieron entre 30 y 40 millones de personas. Para quien esté interesado, vale la pena conseguir la obra Tombstone, del periodista Yang Yisheng. Cómprelo y con esto estará realizando un acto de rebeldía en nombre de la verdad y la libertad: habiéndose publicado en 2008, todavía en 2012 cuando se tradujo al inglés, estaba prohibido en China.

Los problemas de incentivos en los sistemas comunistas no son noticia nueva, aunque todavía haya quien prefiera ignorar la lógica de su fracaso y la evidencia del pasado. Ante un panorama desesperanzador, estos granjeros clandestinos desafiaron los dictados injustos de un gobierno opuesto a la iniciativa individual, la propiedad privada y las garantías fundamentales. Darían una parte de la producción a la comuna, pero el excedente sería para ellos.

Los efectos fueron inmediatos. Cuenta uno de ellos que antes, en las mañanas no querían salir al campo, y ahora salían antes del amanecer. Con la primera cosecha, ¡la producción fue mayor que la producción de los cinco años anteriores!

No tardó mucho tiempo en que los oficiales locales notaran la situación y en que la noticia llegara a los líderes del Partido Comunista. Pero Mao Zedong había muerto y Deng Xiaoping, era el nuevo jefe reformista, más preocupado por los resultados que por la teocracia secular de Mao.

En esa época, Du Runsheng, el catalizador de esta historia, formaba parte de las comisiones gubernamentales encargadas de la política agraria. Durante la Revolución Cultural, había sido purgado y enviado a campos de trabajo forzado por sus ideas contrarias al colectivismo. Bajo Deng, fue restituido.

Al oír la historia de los 18 agricultores, reconoció su valor. La tomó como modelo y formuló la política del Sistema de Responsabilidad por Hogar, mediante la cual toda producción que superase la cuota requerida por la colectividad y el gobierno central, podría ser apropiada por la familia y vendida en el mercado. Con respecto a la situación anterior en la que nada de la producción le pertenecía a las familias, esto era inmensamente liberalizador, causando una explosión en la productividad. Para 1983, 4 años después de la implantación de la política, el 98% de las colectividades aplicaba el sistema. Según datos oficiales, la producción agrícola aumentó en 33% entre 1978 y 1984, y los ingresos de los campesinos en un 166% (Ver Runsheng, The Course of China’s Rural Reform).

Así pues, Du Runsheng, no fue solo el padre de las reformas agrarias que liberaron las energías del mercado que ayudaron a sacar de la pobreza a 700 millones de personas, fue de uno de los cuatro líderes chinos superiores en oponerse al uso de la fuerza militar para acabar con las protestas en la plaza de Tiananmen en 1989. Pas mal du tout.

Publicado en Revista K, edición diciembre 2015.
Por Diego E. Quijano Durán

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