La Banca Descentralizada no es una Utopía: Casos Históricos desde la Antigüedad hasta la Modernidad le Avalan.

En el post anterior estuvimos investigando y desmitificando la noción de que la institución mejor conocida como Banca Central tuviera su origen en la necesidad de que los aparatos estatales regularan un sistema monetario y financiero que intrínsecamente  e inherentemente estaba expuesto a crisis financieras, pánicos bancarios e inestabilidad monetaria. Tal como fue explicado, la razón de ser de la creación de un banco central que monopoliza las emisiones de billetes, tiene su fundamento en la prerrogativa fiscal, es decir, la creación de un banco central históricamente responde a la necesidad de los gobiernos para financiar los gastos mediante la emisión monetaria, que solamente puede ser monopolizada mediante la aplicación de las leyes de curso forzoso que hasta el día de hoy continúan vigentes en la gran mayoría de los sistemas monetarios y bancarios de la modernidad.

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Berkshire Hathaway

Un nombre poco atractivo, hasta complicado de pronunciar, desconocido por la mayor parte, sobre todo en comparación a grandes empresas como Microsoft, General Electric o Exxon Mobile, y resulta que es uno de los conglomerados de empresas más exitosos en la historia de los mercados de capitales. Si en 1965 hubieras invertido $1,000 en acciones de Berkshire Hathaway —en ese entonces, una empresa dedicada a la manufactura de textiles y hoy un conglomerado inmenso, activo en múltiples sectores—, al cierre de 2015 tu inversión hubiese valido $15,983,284, un retorno anualizado de 20.8%. Continue reading

De ZIRP a NIRP

Hay una caricatura del gato Garfield en la que aparecía el perro Odie tomando una siesta con la típica nube que leía “ZZZZ…”. Garfield, molesto, lo empujó y Odie quedó de lado. En lugar de despertarse, las zetas de la nube también se giraron y quedaron en “NNNN…”. Si hubiese sido Condorito hubiera hecho ¡Plop!, pero Garfield solo miró al lector frustrado. 

Esto mismo parece que le ha ocurrido a los bancos centrales más importantes del mundo, que han pasado de una política monetaria tipo Zirp a una Nirp, es decir, de tasa cero (en inglés, zero) a una de tasa negativa sin que hubiese mayores cambios. No obstante, desde el punto de vista económico, es un fenómeno insólito. 

Por un lado, parece una fantasía. Imagine que pide una hipoteca y en lugar de pagarle intereses al banco, el banco le paga a usted por haber decidido tomar el préstamo con ellos –no se confunda, todavía tiene que pagar la porción de capital de la letra, pero al final termina pagando menos que el capital original del préstamo–. Esto ya le está sucediendo a miles de personas en países como Dinamarca. Sin embargo, en este mundo al revés, usted, en lugar de recibir intereses en su cuenta de ahorros o depósito a plazo fijo, tendría que pagarle intereses al banco por el beneficio de depositar con ellos. Continue reading

El Origen de La Banca Central: Mito vs Realidad Histórica

La gran mayoría de los economistas, banqueros y políticos están convencidos de que los sistemas bancarios de la actualidad no podrían funcionar si una autoridad central (llámese Banco Central), que regula la oferta monetaria y la función del crédito en la economía. Bajo este supuesto, se llega a afirmar que la creación de los Bancos Centrales fue por motivos de estabilidad monetaria, financiera y bancaria, lo cual simplemente repasando e investigando la historia económica podemos darnos cuentas que dicho motivo para la creación de la banca central es un gran mito.  La historia de la moneda y del dinero, muestran que los gobiernos siempre utilizaron su poder para obtener el monopolio de la emisión, estrictamente para satisfacer sus necesidades de índole fiscal, política y militar. Estos poderes se han visto notablemente reforzados desde que los estados vislumbraron la posibilidad de emitir billetes de banco con un coste insignificante con respecto a su poder de compra (señoreaje), y ésta es la razón principal de la creación de los bancos centrales.

Resulta imprescindible, una vez comprendido el verdadero origen de la creación de los bancos centrales, utilizar ejemplos históricos que demuestran la naturaleza fiscal y política de dicha institución. Para esto, cito a continuación el análisis que explica el Economista George Selgin, en su obra “La Libertad de Emisión del Dinero Bancario: Crítica del monopolio del Banco Emisor Central” sobre la fundación del Banco de Inglaterra, el prototipo de los bancos centrales modernos:

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The different sources of Socialism, according to Nobel Prize Winning Economist James M. Buchanan

As part of a recent Colloquium on Liberty and the Challenges to Liberal Neutrality hosted by Liberty Fund and Universidad Francisco Marroquín, I had the opportunity to read James Buchanan’s Article Afraid to be Free: Dependency as desideratum. In such article, Buchanan explains that there are at least four different sources or “wellsprings” of ideas that motivate the “extensions in the range and scope of collective controls over the freedom of persons to act as they might independently choose”. Those four sources of collectivism in order to restrict individual freedom are identified as the following: 1. Managerial Socialism, 2. Paternalistic Socialism, 3. Distributional Socialism and 4. Parental Socialism.  I intend on this post to describe the main characteristics of these sources of Socialism based on Buchanan’s arguments.

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Juan Carlos Cachanosky (Q.E.P.D.) explica el error de Keynes: La (no) refutación de la ley de Say.

Juan Carlos Cachanosky, Q.E.P.D., dentro de sus aportes nos presenta una crítica a Keynes, la cual consiste en explicar el error que éste último cometió al no comprender la ley de Say sobre los mercados. A continuación les comparto dicha crítica que se encuentra en el paper “Déficit Fiscal y Equilibrio Monetario”.

El Error Keynesiano:

Un repaso por la historia del pensamiento económico mostraría muy fácilmente que Keynes no inventó nada nuevo en la década de 1930*. El error fundamental de Keynes fue no haber entendido la Ley de Say. Si bien la afirmación puede parecer fuerte, el punto es fácilmente demostrable. Para refutar la Ley de Say, Keynes expone la Ley citando un párrafo de John S. Mill.[1] Sin embargo, comparando la cita de Keynes con la fuente original, está cortada, y justamente en una parte crucial de la Ley de Say, lo cual muestra que Keynes no estaba entendiendo el punto clave.[2] En realidad, Keynes no refutó la Ley de Say, simplemente no la entendió.[3]

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