El Intervencionismo es la causa de las crisis económicas

“Cierto, los gobiernos pueden reducir la tasa de interés en el corto plazo. Pueden emitir dinero en papel adicional. Pueden abrir las vías a la expansión del crédito por medio de los bancos. Entonces pueden crear un auge artificial y la ilusión de prosperidad. Pero dicho auge está destinado a colapsar tarde o temprano y con ello, la depresión consiguiente”. – Ludwig von Mises

planificacion-para-la-libertad

Resulta de curiosa lectura las constantes declaraciones afirmando sin cesar que las crisis económicas y financieras son inherentes en los sistemas capitalistas y que siempre según esta versión, se deben a mercados falto de regulación (léase intervención estatal) y a la avaricia de los empresarios que en su afán de obtener ganancias y beneficios a toda costa, producen altas concentraciones de acciones arriesgadas, volátiles y acumulación de riqueza que acentúa la mal llamada desigualdad, esa brecha social que siempre según este tipo de pensamiento crece y crece hasta producir un espiral fatal que condena al capitalismo.

A pesar de que el tema de las crisis económicas y financieras ha sido tratado con anterioridad a través de este blog (ver aquí y aquí), no perjudica volver a analizar tan importante tema. Y es que contrariamente a la explicación citada en el párrafo anterior, las crisis económicas tienen su origen enteramente en la intervención estatal, principalmente por las autoridades monetarias modernas como son los bancos centrales.

Leyendo a Ludwig von Mises en su interesante ensayo, “Planificación para la Libertad”, encontramos lo siguiente sobre las causas de las depresiones (crisis económicas):

“Mucha gente realmente cree que la política económica no debería tener ninguna influencia en las consecuencias a largo plazo. Citan una frase de Lord Keynes: “A largo plazo todos estamos muertos”. No cuestiono la verdad de esta afirmación; considero incluso que es la única afirmación correcta de la escuela neobritánica de Cambridge. Pero las conclusiones extraídas de ella son completamente falsas. El diagnóstico exacto sobre los males económicos de nuestra época es el siguiente: hemos sobrevivido al corto plazo y estamos sufriendo las consecuencias del largo plazo de políticas que no consideraron debidamente tales consecuencias. Los intervencionistas han silenciado las voces de advertencia de los economistas que advertían sobre los errores de pensar solamente a corto plazo; pero los hechos se han desarrollado precisamente como los desacreditados eruditos ortodoxos habían predicho. La depresión es consecuencia de la expansión del crédito. El desempleo masivo, que se prolonga año tras año, es el efecto inevitable de los intentos por mantener los salarios por encima del nivel que el mercado, sin traba alguna, habría fijado. Todos esos males, que los progresistas interpretan como una evidencia del fracaso del capitalismo, son el resultado necesario de la alegada interferencia social con el mercado. Es verdad que muchos autores que defienden estas medidas, y muchos estadistas y políticos que las ejecutaron, fueron guiados por buenas intenciones y quisieron más prosperidad para la gente, pero los medios elegidos para la obtención de los fines buscados no fueron los correctos. A pesar de lo buenas que las intenciones puedan ser, nunca pueden transformar en eficaces a medios que no lo son. El problema no es si las políticas defendidas por los autoproclamados progresistas son recomendables o condenables, o no lo son, desde el punto de vista arbitrario y preconcebido. El problema esencial es determinar si tales políticas  pueden realmente alcanzar los fines que todos anhelamos.”[1]

Es importante recordar que los llamados ciclos económicos que generan periodos de auges y su consecuente crisis económica son resultado de las políticas intervencionistas estatales en el ámbito monetario. Tal como lo explican los teóricos de la escuela austriaca, los ciclos económicos son consecuencia de la intromisión de los aparatos estatales principalmente aunque no de forma exclusiva en la tasa de interés de mercado, lo cual distorsiona la relación de consumo de bienes en el presente sobre el consumo de bienes en el pasado y transmite una señal artificial de ahorro adicional sin que dicho ahorro adicional realmente haya ocurrido lo cual lleva a los empresarios a invertir equivocadamente en líneas de producción que no son sostenibles a largo plazo una vez que la expansión crediticia finaliza y la tasa de interés de mercado vuelve a equilibrarse con la tasa natural de interés, provocando el derrumbe de la estructura de producción, las quiebras financieras, los ceses de proyectos (por ejemplo la más reciente crisis hipotecaria e inmobiliaria), y luego el consiguiente desempleo acompañado por la recesión económica. Es de curiosidad que los desajustes económicos resultan en las áreas en donde la intervención estatal es de mayor intensidad, así tenemos por ejemplo las mencionadas políticas para estimular la construcción y compra de viviendas, las políticas para inflar los precios de las acciones en las bolsas de valores, entre otras.

Resulta realmente trágico que ante semejante descalabro que conlleva los ciclos económicos, que son resultado de la intervención estatal en la oferta del dinero y el crédito, las soluciones por parte de los gobiernos incluyan mayores medidas de intervención que empeoran la crisis. Una de estas medidas incluye la receta keynesiana de incrementar el gasto público en momentos de crisis, es decir, una vez que se desata la crisis económica como resultado de las intervenciones monetarias, se sugiere una nueva intervención estatal a través del contribuyente lo cual expande la crisis al incentivar la mal asignación de los recursos que son escasos. La crisis termina una vez que el mercado laboral se ajusta y en cuanto las autoridades monetarias y estatales cesan en sus expansiones crediticias y gastos públicos. Y es que tal como indicara Mises, las políticas intermedias por parte de los aparatos estatales (intervencionismo) conducen al socialismo.

 

Citas:

[1] Mises, Ludwig. Planificación para la Libertad y otros ensayos. Páginas 57-58. Unión Editorial.

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