Limitar el Tamaño del Estado es una Necesidad y un Deber Ciudadano: El ejemplo de James Madison y los llamados “Ensayos Federalistas”

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Resulta de curiosa lectura la gran cantidad de mitos que hoy en día inundan el discurso político, académico y civil en torno a la necesidad de un estado interventor que se caracteriza en planificar de manera central, las distintas esferas que componen el mercado. Así por ejemplo tenemos casos y argumentos mal fundamentados como el clásico llanto popular hacia las ineficiencias de un ”capitalismo salvaje” que tiene como mantra una exposición Darwinista de la que solamente sobrevive el más fuerte. Nada más lejos de la realidad. En un sistema de cooperación social, fundamentado en acciones voluntarias, típicas de un mercado no intervenido, ambas partes involucradas en dicho intercambio resultan beneficiadas. En caso contrario no ocurriría dicha transacción entre dos o más partes, que vienen siendo los participantes individuales en un mercado.

Entre tanta desinformación se logra aceptar prerrogativas completamente nefastas cómo la que se deben crear instituciones estatales cómo ministerios con abultados costes de operación y planillas burocráticas que lo que hacen es distorsionar procesos de mercado mediante la coacción hacia las personas que finalmente son las que habilitan la creación y financiación de dichas burocracias y entidades estatales.

Tomemos por ejemplo el típico caso de una empresa X, que busca mediante prebendas y privilegios por parte del gobierno, imponerse en los mercados creando monopolios u oligopolios.  ¿Es esto realmente una consecuencia de un “capitalismo salvaje” falto de intervención? La experiencia indica que es precisamente debido a que distintos aparatos estatales disponen de su mano visible de la fuerza para garantizar privilegios a expensas de la competencia que terminan damnificando al consumidor con precios altos y productos de menor calidad.

Haciendo un recorrido en la literatura histórica encontramos que estos problemas de “capturas regulatorias” fueron ocupados por los padres fundadores de los Estados Unidos de América. Entre ellos tenemos los famosos “Ensayos Federalistas”, principalmente el tomo número diez, en el que James Madison expresamente analiza este tipo de problema inherente en los sistemas políticos que dominan (sistemas mixtos donde domina el poder estatal y el de los allegados al poder).  A este fenómeno, Madison lo llamó facciones, que hoy en día equivale a lo que conocemos como “grupos de interés”. El argumento de Madison consiste en que eliminar la causa de la existencia de las facciones es imposible, porque esto implicaría también eliminar la libertad de dichos grupos de interés. Con esto, Madison explica que no se pueden eliminar las causas de las facciones, sin embargo, se pueden contener las las consecuencias que conllevan dichas facciones. Madison, explica que existen dos métodos para “evitar los males del espíritu de partido: consiste en suprimir sus causas, la otra en reprimir sus efectos. Destruir la libertad esencial de los ciudadanos a formar grupos de interés significaría destruir la libertad de dichos individuos. Madison explica entonces que es primordial contener los efectos de las facciones, y ofrece dos formas para lograrlo:

  1. Mediante el régimen representativo. Madison explica que es importante establecer la distinción entre República y Democracia. Para Madison, “las dos grandes diferencias entre una democracia y una república son” que la segunda se delega un gobierno a un número de ciudadanos, elegidos por el resto; y que la república puede comprender un número más grande de ciudadanos y una mayor extensión de territorio”. Un régimen representativo es un régimen que interpone entre las acciones de la sociedad y los grupos de interés a legisladores que representan a toda la nación. El régimen representativo le llamó Madison “República”.
  2. El segundo método que menciona Madison para contener los efectos de las facciones consiste en ampliar la esfera de acción. Por ampliar la esfera de acción, Madison explica que la república se vuelva grande para que sea difícil que un grupo de interés se vuelva menos poderoso, y así incentivar la competencia en el ámbito político, eliminando la hegemonía bipartidista o tripardista que domina los sistemas democráticos modernos.

Tal como se expone en dicho ejemplo del padre fundador de los Estados Unidos de América, James Madison, y aplicable a nuestra República de Panamá, resulta primordial comprender que la prosperidad proviene mediante gobiernos limitados, mercados libres y bajo el imperio de la ley.

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*Artículo publicado en el diario La Prensa de Panamá el lunes 19 de septiembre de 2016. http://www.prensa.com/opinion/Limitar-tamano-gobierno_0_4578292244.html

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