La Banca Central y el Estado: Una Relación Simbiótica

A través de éste blog hemos analizado los distintos efectos que los bancos centrales a través de la política monetaria, ejercen sobre la macroeconomía y microeconomía. Tales efectos cómo los ciclos económicos, entre otros, nos permiten comprender el grado de magnitud que dicha institución representa, donde un grupo de burócratas tienen el poder de dirigir y planificar centralmente el dinero, al menos en el corto plazo, ya que al largo plazo observamos las nefastas consecuencias que conlleva dicha política monetaria.

Un tema que no ha sido discutido en este blog y que es de suma importancia, es la relación simbiótica que existe entre los bancos centrales y el Estado. Hoy en día la gran mayoría de los economistas, sobre todo los Keynesianos, propagan como dogma la intervención de los bancos centrales para manejar las variables económicas tanto en períodos de crecimiento económico, cómo en períodos de recesión; todo esto a través de la política monetaria. Aún más curioso, es el clamor que con frecuencia realizan economistas y analistas políticos sobre la importancia de un “banco central independiente”, que por definición viene siendo una contradicción, ya que los bancos centrales son una institución netamente estatal. Por supuesto, por banco central “independiente” se refieren a que no exista manipulación política por parte del congreso y otro órgano legislativo a la hora de tomar decisiones sobre el nivel del “target” de la tasa de interés etc. Sin embargo, cómo veremos adelante, es un absurdo total pensar que los bancos centrales y la política monetaria no responden a incentivos políticos, ya sean implícitos o explícitos. Esto es muy importante de comprender ya que para que exista política monetaria, necesariamente los bancos centrales operan en el mercado abierto comprando o vendiendo bonos de tesorería que indirectamente terminan ayudando al financiamiento del gasto público. La diferencia entonces entre la Reserva Federal Estadounidense, El Banco Europeo Central y el Banco Central de Colombia, por ejemplo, radica en lo explícito o implícito que se financia el gasto público para cubrir el déficit fiscal. Por supuesto que entre menos explícito sea el caso, menor será el daño, pero la enseñanza a tomar en cuenta es que la relación entre un banco central y el estado es la de una relación simbiótica. Tomemos dos ejemplos históricos del supuesto banco central con mayor independencia política que existe, la Reserva Federal, para demostrar nuestra tesis:

  • La Crisis del Treinta: La crisis del treinta, similar a la crisis subprime; fue una crisis donde además de causas monetarias, existieron causas no monetarias. La política monetaria de la Reserva Federal estuvo altamente relacionada con la gestión del boom bursátil de la década del 20 que conllevó a que ocurriera el llamado “great crash” de 1929. Juan Carlos Cachanosky explica muy bien lo sucedido: “La libra esterlina, la principal moneda del mundo antes de la Primera Guerra Mundial, había quedado muy debilitada después de la guerra. Su paridad con el dólar que antes de la guerra era de 4.87 dólares por libra, había caído hasta un mínimo de 3.38 en Febrero de 1920. Luego de este pico mínimo comienza a recuperarse y alcanzar un máximo de 4.69 en Febrero de 1923, para comenzar a caer nuevamente hasta 4.30. Como Inglaterra quería volver a la convertibilidad con la paridad preguerra todavía necesitaba aumentar su valor frente al oro y al dólar un 13% aproximadamente”[1].   Para ayudar a Inglaterra a recuperar la paridad preguerra de la libra esterlina con respecto al patrón cambio oro, la Reserva Federal de la mano de Benjamin Strong, embarcó una serie de políticas monetarias expansivas con el motivo de reducir el alza del dólar y reducir el flujo de las reservas en oro que salían de Inglaterra hacia otros países, incluyendo Estados Unidos. Juan Carlos Cachanosky explica muy bien cómo ocurrieron los hechos: “El Presidente de Estados Unidos, Warren G. Harding, había nombrado al frente de la Reserva Federal a Daniel R. Crissinger, quién no tenía otra aptitud para ser presidente de la institución que la de ser amigo personal del Presidente. Para él la Reserva Federal era simplemente un instrumento político, pero su ignorancia lo hizo caer bajo el dominio de Benjamin Strong. Fue Strong el que dio impulso a una política monetaria expansiva tendiente a reducir la tasa de interés en los Estados Unidos, medida destinada a provocar la salida de dólares hacia Europa para hacer bajar su precio. Con esta política se ayudaría a Inglaterra a acercar su moneda a la paridad preguerra y a Estados Unidos a alentar sus exportaciones”[2]. La política monetaria expansiva de la Reserva Federal también tuvo enfocada en la compra de títulos públicos (bonos de tesorería), lo que implica una reducción en los costos de financiamiento de las funciones del Estado (gastos).

Federal Reserve

  • La respuesta a la crisis subprime: La respuesta de la Reserva Federal a la crisis subprime también muestra el nexo que existe entre la política monetaria y las finanzas públicas. Luego de la crisis subprime estallara, la Reserva Federal embarcó una serie de medidas no convencionales de política monetaria expansiva. Además de expandir el crédito de manera expansiva para reducir la tasa de interés (actualmente al 0%), también realizó una serie de operaciones con el motivo de reducir los costos de financiación del Estado. La Reserva Federal embarcó una serie de programas como fueron los quantitative easing y operation twist con el propósito de reducir las tasas de interés de instrumentos financieros a largo plazo como son los bonos de tesorería y los títulos de valores respaldados por hipotecas (mortgage backed securities). Éstas operaciones no solamente tuvieron un impacto en el estado de cuentas de la Reserva Federal (Balance Sheet), que se cuadriplicó desde que empezaron estos programas en 2008 (de 2.84 billones de dólares a 924 billones), pero también tuvieron efectos en las finanzas del Estado al financiar el déficit fiscal. John Taylor, Economista de la universidad de Stanford, estima que desde Septiembre de 2008 a 2012, la Reserva Federal adquirió un total de 1.16 trillones de títulos gubernamentales[3]. El autor afirma además que para el año fiscal 2011, la Reserva Federal adquirió el 77% de los bonos de tesorería emitidos por el gobierno, prácticamente permitiendo la financiación del déficit fiscal, permitiendo al gobierno de Estados Unidos adquirir deuda sin necesidad de alzar la deuda externa del tesoro, además de pagar los intereses de dicha deuda, ya que la Reserva Federal remite las ganancias en intereses al tesoro.[4] Estas acciones tienen implicancias tanto para la economía como para las finanzas ya que pueden terminar creando un ambiente inflacionario y un problema a la hora de normalizar la política monetaria pudiendo provocar una nueva crisis.

BASE

TREASURIES

mortgage backed securities

Cómo podemos observar a través de estos dos ejemplos históricos (y existen muchos más), inclusive el banco central más independiente sucumbe a presiones políticas, debido a la naturaleza institucional sobre la cual fue creada dicha institución: financiar los gastos del gobierno a cambio de garantizar por ley el monopolio privado sobre la emisión monetaria. Así fue cómo se gestó la creación del primer banco central, El Banco de Inglaterra, y así es como funcionan todos los bancos centrales que existen. Mientras no se establezcan reformas institucionales, cómo por ejemplo dolarización, un patrón oro y free banking, que eliminaría la necesidad de un banco central; la política monetaria permanecerá ligada al beneficio y al crecimiento del gobierno.

Citas:
[1] Juan Carlos Cachanosky, La Crisis del Treinta, Libertas VI, Revista Académica de ESEADE, Buenos Aires, Mayo 1989.

[2] Juan Carlos Cachanosky, Op.Cit. Libertas VI, Revista Académica de ESEADE, Buenos Aires, Mayo 1989.
[3] John Taylor & Phil Gramm, The Hidden Costs of Monetary Easing. Wall Street Journal, 11 de Septiembre de 2012. http://www.wsj.com/articles/SB10000872396390443686004577639590237612020

[4] John Taylor & Phil Gramm, Op. Cit. Wall Street Journal, 11 de Septiembre de 2012. http://www.wsj.com/articles/SB10000872396390443686004577639590237612020

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