No habrá constituyente, ¿y ahora qué?

La Constitución hay que reformarla. Hay muchos aspectos en ella que debilitan nuestra república, aspectos que hay que cambiar, para limitar el poder del Estado y mejorar la separación de los tres poderes. No obstante, concuerdo con la decisión del Presidente de cancelar la asamblea constituyente. No es el momento para una constituyente. El mo140430184938-juan-carlos-varela-panama-story-topmento pudo haber sido durante el gobierno de Endara, cuando había claridad respecto a lo que se debía hacer, pero ese tiempo pasó. Por el contrario, hay una gran divergencia de ideas.

Las circunstancias que vive la sociedad panameña no son propicias para un debate de altura. Existe un riesgo de que el proceso sea secuestrado por movimientos populistas y demagógicos, así como grupos privilegiados de interés. Nos encontramos, además, inmersos en un período de ajuste y embarcarnos en una constituyente sería una distracción potencialmente peligrosa. Ahora se requiere que la ciudadanía medite sobre lo ocurrido en el quinquenio pasado y enfoque su atención en problemas como la justicia, el agua y la seguridad.

fatiga_reforma_constitucion-2__largeNada de esto quiere decir que no urja reformar la Constitución. De hecho, la cancelación de la constituyente abre la puerta a realizar reformas puntuales mediante un referéndum. El objetivo sería mejorar los frenos y contrapesos de la república en nuestra Constitución, incrementando la independencia del Órgano Judicial y la Contraloría General, descentralizando al Gobierno central, y reduciendo la injerencia del clientelismo político en la Asamblea Nacional.

Por ejemplo, en cuanto al Judicial, siguiendo las propuestas de Lic. Mario Galindo, las nominaciones del Ejecutivo a la Corte Suprema de Justicia requerirían del voto de dos tercios de los diputados de la Asamblea. Adicionalmente, deberían transcurrir tres meses entre que se presente la nominación por parte del Ejecutivo y que esta se pueda someter a votación, garantizando con ello una amplia discusión sobre la nominación. Añadiría, para fortalecer la independencia de los magistrados, que los nombramientos sean por un período de 20 años o incluso vitalicios, mayores salarios que los ministros, y una pensión vitalicia.

En el régimen municipal, los Consejos Municipales serían conformados por concejales electos a nivel distrital, no a nivel de corregimiento, tal y como lo era antes de 1968. Esto fortalecería la fiscalización de los municipios, elevaría el nivel de los concejales y mejoraría la capacidad administrativa de las alcaldías. En este sentido, habría que revisar la existencia de los representantes de corregimiento y sus suplentes. Además, daría el derecho a voto en las elecciones municipales a los extranjeros residentes y debidamente registrados, igual que lo era antes de 1968. Asimismo, recomendaría suprimir la prohibición al extranjero de ejercer el comercio al por menor. Con esto se eliminaría el fuero del sector comercial, se restablecería el principio de igualdad ante la ley, y se reducirían las barreras de entrada a la competencia.

Sin duda alguna, el Órgano Legislativo también requeriría reformas urgentes. El principal problema de nuestra Asamblea reside en que los diputados son políticos de autoridad nacional que solo responden a preocupaciones localistas para elegirse. Para mitigar este efecto, habría que incrementar el tamaño de la circunscripción electoral, al menos a nivel provincial. Además, se debería eliminar a los suplentes, una preformaosición superflua y costosa. Sin embargo, incluir cambios al Legislativo podría descarrilar el proceso de referéndum, ya que requiere de su aprobación en la Asamblea y estas reformas no le convienen a las estructuras políticas clientelistas existentes.

Reformas específicas como las mencionadas, que pueden conseguir un amplio consenso, fortalecerían la república, limitarían los abusos del poder político y mejorarían la protección de los derechos y garantías de cada ciudadano, pilares sin los que no hay sociedad que pueda crecer material, cultural ni espiritualmente.

Artículo escrito por Diego E. Quijano Durán, publicado en Revista K, Panamá, edición de agosto 2015.

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