La Función Empresarial: ¿Cuál es el rol del Emprendedor en la Sociedad Abierta?

La Función Empresarial, en un sentido estricto, consiste básicamente en la capacidad del ser humano para crear y darse cuenta de las oportunidades subjetivas de ganancia o beneficio que surgen en su entorno, actuando en consecuencia para aprovecharlas” – Jesús Huerta de Soto[1]

entrepreneur

La función empresarial y el rol del empresario en el proceso económico son dos de los temas más desarrollados por los economistas de la escuela austriaca. Las aportaciones en este campo principalmente por Ludwig von Mises y por su alumno Israel Kirzner, han sido fundamentales para la comprensión sobre el proceso de riqueza, análisis institucional y también para el fundamental rol que cumple la perspicacia y los precios para coordinar las acciones de los participantes individuales en el mercado y que componen a la sociedad. Según Peter G. Klein, profesor de economía de la Universidad De Missouri en E.E.U.U. y además director del Instituto Ludwig von Mises, también de dicho país, “la función empresarial, en el sentido misiano, es el acto de asumir la incertidumbre”[2]. Con esto, el Dr. Klein nos quiere decir que decir que los actos empresariales responden siempre a un mundo cambiante, y a su vez estos actos empresariales en el mercado que realizan los individuos deben basarse en estimaciones que se tienen hacia el futuro, de acuerdo con objetivos y metas que se quieren lograr. Las acciones empresariales, siempre se realizan por los seres humanos con el objetivo de mejorar su condición actual, nunca para empeorarla. Si no fuese así, entonces no se llevarían a cabo acciones de índole empresarial, ya que toda acción en el mercado y en la vida cotidiana implica costos. Si los beneficios de dicha acción empresarial exceden los costos de llevarla a cabo, entonces el “empresario” empleará recursos para llevar a cabo dicha acción empresarial. Por el contrario, si el sujeto actuante estima que el resultado de su objetivo en el futuro es menor que el resultado actual, en la condición que se encuentra, no se llevará a cabo dicha acción empresarial. Esto, y es muy importante indicar, que no implica que toda acción empresarial orientada hacia la obtención de mejoramiento futuro será siempre un éxito. Al contrario, se dan y se han dado varios casos en los cuáles las acciones empresariales terminan en fracasos. Citando a Peter G. Klein, nos explica de manera lúcida este último punto que se trata de explicar: “Debido a que la producción toma tiempo, se deben invertir recursos antes que el retorno sobre las inversiones sea realizado. Si el pronóstico sobre los retornos futuros no es adecuado, las ganancias esperadas se convertirán en pérdidas”[3].

Al mismo tiempo, este último punto explicado en el párrafo anterior, nos abre la mente hacia la interrogante sobre que significa ser empresario. Para la mayoría de las personas, y en el mundo actual que vivimos, el término empresario tiene una connotación estrictamente relacionada con el mundo de los negocios, las finanzas y con los grandes proyectos como son los inmobiliarios, la creación de nuevas tecnologías móviles y computacionales entre otras. Sin embargo, y a pesar de que todos estos ámbitos sin duda representan actos empresariales, el emprendedor no es solamente aquel que se desenvuelve en el ámbito estrictamente corporativo. Jesús Huerta de Soto, siguiendo las enseñanzas de Ludwig von Mises, nos explica que “todo sujeto actuante, está de una forma u otra, haciendo uso de la función empresarial”[4]. Ampliando el significado de esta cita que hace Huerta de Soto, comprendiendo que los individuos en la sociedad poseen diferentes valoraciones que son siempre subjetivas, es esclarecedor comprender por qué todo individuo es de una forma u otra un empresario. Tomemos por ejemplo el caso hipotético de Rodrigo, actualmente, licenciado en ingeniería de sistemas informáticos. Rodrigo actualmente trabaja para una empresa “X” que se dedica a desarrollar aplicaciones móviles que facilitan las operaciones de empresas de atención al consumidor. Resulta que recientemente la empresa “X” necesita de trabajadores con experiencia gerencial para llevar acabo uno de sus mayores proyectos de innovación en aplicaciones tecnológicas móviles. Uno de los requisitos para dicha posición gerencial es que el candidato posea en su andarivel educacional el título de Máster en Administración de Empresas M.B.A por sus siglas en inglés. Rodrigo, al ver que ese es uno de los requisitos para la posición gerencial que le permite crecer en la compañía “X”, la cual está muy satisfecho y desea desarrollar gran parte de su carrera, hace uso de la función empresarial al darse cuenta que necesita aumentar su productividad educacional para dicha posición y decide matricularse en una institución de educación superior, como es la facultad de negocios en la universidad “Z” para poder obtener el título de posgrado en administración gerencial que le permitirá al menos acercarse y tener opciones reales de lograr el objetivo final que es el de ser elegido para ser gerente del proyecto lucrativo de innovación tecnológica móvil. Que logre o no obtener el puesto, no quita que nuestro personaje ficticio, Rodrigo haya empleado la función empresarial para como indica Huerta de Soto, “crear y darse cuenta de las oportunidades subjetivas de ganancia o beneficio que surgen en su entorno, actuando en consecuencia para aprovecharlas”[5]

Este ejemplo hipotético nos sirve para ilustrar otro concepto clave que forma parte de los aportes que han hecho los teóricos de la escuela austriaca, que es el concepto de estado de alerta (alertness en inglés) o perspicacia. Este concepto de estado de alerta fue expuesto con lucidez por Israel Kirzner, quien en su obra Competition and Entrepreneurship, explica el significado de este concepto de estar alerta o ser perspicaz. Ser perspicaz o estar en un estado de alerta quiere decir que el sujeto actuante está constantemente haciendo uso de la función empresarial para vigilar, investigar y conocer oportunidades que se encuentran en su entorno, y que presentan oportunidades de ganancia, que mejoraran las condiciones en las que se encuentra el sujeto actuante antes de haber realizado el acto empresarial[6]. La noción de perspicacia y estado de alerta nos da una respuesta satisfactoria a la interrogante sobre porqué existen personas que emplean la función empresarial para darse cuenta de oportunidades que se presentan en su entorno y porque hay otras personas que no se dan cuenta de dichas oportunidades o simplemente no emplean la función empresarial efectivamente como los que si son perspicaces. Por su parte, el Dr. Peter Klein, nos proporciona un ejemplo de quien posee el estado de alerta o es perspicaz. Según el Dr. Klein, “El caso más simple del estado de alerta, es el de aquel que realiza arbitraje, quien descubre una discrepancia entre precios presentes que puede ser explotada para obtener un beneficio financiero. Otro caso más típico es el del emprendedor que está alerta a un nuevo producto o un proceso de producción superior y llena esta brecha en el mercado antes que otros”[7]

Israel Kirzner

El emprendedor, además de poseer un estado de alerta para darse cuenta y aprovechar las oportunidades que se le presentan en su entorno, también es un tomador de riesgo, en total sentido de la palabra. El emprendedor, según el Dr. Alejandro Gómez, “es esencialmente un tomador de riesgo, cuya característica principal es la de buscar mercados subvaluados para desarrollar su idea o invento. En este sentido el emprendedor es un “buscador” de oportunidades para nuevos negocios, que está alerta a las necesidades insatisfechas del mercado. El emprendedor es la persona que asume el riesgo para poner en práctica su idea”[8]

Para que el emprendedor pueda hacer uso de la función empresarial con el objetivo de mejorar su actual condición en el futuro y para que puede enfrentarse a la incertidumbre y afrontar proyectos arriesgados, es necesario que se encuentre dentro de un ámbito de marcos institucionales sólidos. Cuando nos referimos a marcos institucionales que favorezcan la empresarialidad, nos referimos al conjunto de normas, leyes e instituciones que favorecen un ambiente en el cual el empresario o emprendedor puede tener la oportunidad de desarrollarse y triunfar. Marcos Institucionales sólidos incluyen el respeto de los derechos del individuo, respeto hacia los derechos de propiedad y los contratos privados, entre otros. Al haber marcos institucionales sólidos que cumplan estas normas, se cultiva terreno fértil para que el emprendedor pueda asumir incertidumbre y se lance a realizar actividades que ponen en riesgo su patrimonio y capital. El progreso en la sociedad y gran parte de la diferencia entre los países que poseen riquezas y crecimientos económico-sociales sostenibles se han logrado mediante marcos institucionales que favorecen la empresarialidad, como fuente de innovación. Citando nuevamente al Dr. Gómez, “Al hablar de estabilidad institucional, nos referimos a un conjunto de normas que perduran en el tiempo y que hacen posible predecir con cierto margen de certidumbre las consecuencias de nuestras acciones, si bien no en cuanto a cómo reaccionará el mercado, sí en cuanto al marco legal regula el comportamiento de los que participan en el mercado. Esta estabilidad institucional está determinada por los siguientes principios: libertad individual, derechos de propiedad claramente establecidos, cumplimientos de las promesas y estado de derecho, lo cual implica la preeminencia de la ley por sobre el capricho de los gobernantes”[9].

Entendiendo lo importante que son los marcos institucionales para el desarrollo de la empresarialidad y el uso de la función empresarial, no es difícil comprender por qué países como Estados Unidos de América, en donde hay normas que protegen a los individuos y que se han desarrollado de forma espontánea a través del tiempo, existe un mayor grado de emprendedores y creación de riquezas, que en países donde los gobernantes no respetan los derechos individuales y demás normas institucionales, como lo es lastimosamente hoy en día, la República de Venezuela.

Para que la función empresarial se lleve a cabo, es también de suma importancia comprender en que consiste el tipo de información necesaria para el desarrollo de la función empresarial. En otras palabras, es importante entender ¿Cómo es la información que se requiere para que se lleven a cabo actos de índole empresarial?

La información o el conocimiento que se requiere para que se lleve a cabo la función empresarial cumplen con las siguientes características:

  1. Es un conocimiento subjetivo, de tipo práctico, no científico.
  2. Es un conocimiento privativo
  3. El conocimiento se encuentra disperso en la mente de todos los hombres
  4. En su mayor parte es un conocimiento tácito, no articulable
  5. Es un conocimiento que se crea ex nihilo, de la nada, precisamente mediante el ejercicio de la función empresarial.
  6. Es un conocimiento transmisible, en su mayor parte de forma no consciente, a través de complejísimos procesos sociales, cuyo estudio constituye, siguiendo a Hayek, el objeto de investigación de la Ciencia Económica.[10]

Por conocimiento práctico, entendemos que es aquel conocimiento que se va dando de forma espontánea y que se va logrando a través de la experiencia. Es decir que el conocimiento práctico es aquel que se logra por propia iniciativa, y no de modo formalizado. El conocimiento a su vez es de tipo privativo y que se encuentra de forma dispersa lo que quiere decir que los sujetos actuantes poseen información que les pertenece a ellos pero que al mismo tiempo se encuentra dispersa entre las mentes de los distintos participantes individuales en la sociedad. El sujeto actuante de esta forma realiza uso de la función empresarial de forma muy personal, ya que las valoraciones son subjetivas, cada persona actuante tiene metas y objetivos distintos del uno al otro. Cuando nos referimos a que el conocimiento se crea de la nada, nos referimos a que el conocimiento sobre la función empresarial se va “creando” o mejor dicho va “apareciendo” a medida que el sujeto actuante va descubriendo oportunidades que le rodean utilizando el estado de alerta, que le sirven para mejorar su condición actual. El último punto, indica que el conocimiento que se emplea en el desarrollo de la empresarialidad es transmisible principalmente por el sistema de precios en el mercado.

El rol del emprendedor en la sociedad resulta fundamental para el desarrollo y para la creación de riqueza. Cómo bien demuestra el análisis que proveen los economistas “austriacos”, la figura del emprendedor es el motor-impulsor del cambio y de la cooperación social imperante en el mercado. Nuestro deber como defensores de la sociedad abierta, es promover el desarrollo de nuevos emprendedores, tanto en el ámbito comercial, cultural, académico y demás. Solamente mediante la existencia de emprendedores, se podrá cultivar dicha sociedad abierta, donde impere el respeto hacia el prójimo y donde el orden social de mercado basado en la propiedad privada, permita la armonía y la plenitud de los individuos.

Jesus Huerta de Soto

Citas:

[1] Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, Unión Editorial, S.A. (4ta edición), 2010, p.51

[2] Peter G. Klein, Función Empresarial y Control De La Dirección De La Empresa, Libertas # 31, Revista Académica de ESEADE, Buenos Aires, Octubre 1999.

[3] Peter G. Klein, Ibid. Función Empresarial y Control De La Dirección De La Empresa, Libertas # 31, Revista Académica de ESEADE, Buenos Aires, Octubre 1999.

[4] Jesús Huerta de Soto, Op. Cit, p. 25

[5] Jesús Huerta de Soto, Op. Cit, p. 51

[6] Para obtener más información respecto al tema relacionado con el estado de alerta o perspicacia, refiérase a la obra de Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship, sobre todo las páginas 65 y 69.

[7] Peter G. Klein, Ibid. Función Empresarial y Control De La Dirección De La Empresa, Libertas # 31, Revista Académica de ESEADE, Buenos Aires, Octubre 1999. Las frases en cursivas fueron modificadas por mí.

[8] Alejandro Gómez, El Emprendedor y Su Impacto en La Sociedad, Revista de Instituciones, Ideas y Mercados # 58 Mayo 2013.

[9] Ibid. p.10

[10] Adrián O. Ravier, En Busca del Pleno Empleo: Estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada. Unión Editorial. 2010, p.173-174. Para un estudio más detallado del tema sobre el conocimiento en la función empresarial véase el capítulo II (Función Empresarial) de la obra de Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial.

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