La importancia de la libertad de prensa

Con mucha precisión se puede evaluar el nivel de totalitarismo de un país midiendo su libertad de prensa. Para ubicar puntos de referencia, tomemos el caso de Corea del Norte, en donde solo existe una estación de televisión, utilizada para un bombardeo diario de adoctrinamiento con el propósito de convertir a todo el pueblo en arrieros. En contraposición vemos que los países más prósperos y con menor índice de pobreza son los que más respetan la libertad de informar.

Es notorio ver a funcionarios o politicastros quejándose del “abuso” mediático, a quienes no parece importarles la desinformación cuando se origina en palacio. Tampoco se trata de justificar un mal en virtud de otros males, sino de la búsqueda de contrapesos en un mundo inmensamente imperfecto.

Entre las funciones primordiales de la división de los poderes del Estado está evitar esa tendencia endémica del desbocamiento de los poderes. Son muchos los países en donde poderosos grupos gubernamentales o sus asociados burlan la separación de los poderes.

Sabemos que nuestra justicia anda coja y, por tanto, no podemos fincar las esperanzas de contrapesos y transparencia allí. Lo mismo ocurre en la legislatura, de manera que lo único que nos va quedando es el ejercicio de la libertad de prensa; esa que ha demostrado, con creces, su razón de existir. Es consabido que casi todos los casos de corrupción estatal han salido a la luz gracias a la labor de nuestros medios, y da tristeza ver a tantos funcionarios que se afligen cuando surgen las denuncias de corrupción gubernamental, y no por la corrupción en sí.

Tengamos presente que la tendencia general es que los países graviten hacia el absolutismo, ya que la libertad requiere un esfuerzo consciente de profundas convicciones morales, que son un elemento enrarecido en tantos pasillos del poder.

Solo los verdaderos estadistas son capaces de gobernar con los difíciles e impopulares instrumentos de la libertad; mientras que para el tirano o aprendiz de tirano lo natural es gravitar hacia el estatismo.

Hasta en los regímenes de antaño abundaban las obras teatrales que hacían burla de los poderosos. El propio Napoleón, al igual que otros monarcas europeos, disfrutaba el teatro que lo ridiculizaba.

Es vano cualquier intento de luchar contra el totalitarismo mediante la adopción de métodos totalitarios. Solo podemos ser libres si, con vehemencia, anhelamos serlo. Y aunque la libertad de prensa implique algunos abusos, ello es preferible al secretismo y corrupción de quienes les pagamos un salario para que sean ellos los primeros en denunciar y castigar la corrupción.

La misma sugerencia de una censura disfrazada de legislación es evidente axioma del mal andar; de personas que se sienten más cómodas deambulando entre penumbras, ya que la luz del día les hace daño.

Importancia de la libertad de prensa: Por John A. Bennett N.
Publicado en el periodico La Prensa, 23 de abril 2013.

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