Destrucción inflacionaria de auténticos derechos

Por John A. Bennett N.

Hoy día una de las mayores fuentes de conflictos sociales surge a partir de una errada concepción de lo que es, o no, un derecho humano; problema que se arraiga en esa pútrida tendencia de malos políticos de comprar adherentes mediante el otorgamiento de dádivas; en este caso, la de derechos espurios. En toda comunidad siempre habrá quienes prefieran sustentarse a costillas de los demás, en vez de ser ellos los propios gestores de su sostén. El problema con esto es que los empleos y otras ayudas que reciben en base a su adherencia política no solo son improductivos, sino destructivos de la riqueza ciudadana. ¿Y qué va a saber o importarle a tantos estas realidades, si lo que les interesa es estar en la papa?

Así vemos que uno de los vehículos para proporcionar esas dádivas es mediante su justificación, al disfrazarlas de “derechos humanos”; tal como proponer o legislar que el agua es un derecho humano. Al hacer esto, vamos inflando los auténticos derechos humanos para incluir otros que suenan muy bien, pero son irreales e insostenibles; y eso lo estamos viendo por toda Europa, EU y otros países en crisis que nos llevan la delantera en la truculencia del bienestarismo. El proceso de degradación de los legítimos derechos humanos se ha dado de manera sutil; lo que ha degenerado en casos tan absurdos como el derecho de todo minusválido al desahogo sexual o el de un sindicato italiano a vacaciones anuales, pagas a cualquier parte del mundo.

Ayn Rand advirtió que una tiranía colectiva no esclaviza al país a través de una confiscación directa de sus valores… Ello ocurre a través de un proceso de corrupción interna, análogo al proceso de la destrucción inflacionaria del valor de una moneda. Así, al final del día, los principios espurios se constituyen en la negación de los auténticos.

Ya en el siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes lo explicaba así: Imagínense a dos náufragos en una isla desierta, sin otra cosa que sus derechos humanos y, en particular, el derecho al trabajo, tal como aparece en la declaración de la ONU. Podemos imaginarles allí sentados, cada uno insistiendo al otro que cumpla con su “derecho” de ser empleado, a no menos del salario mínimo. Esta es una preocupante realidad en el mundo actual.

Podemos renegar del capitalismo y su mercado, pero son la única solución práctica y sostenible. La solidaridad es asunto de cada quien y no es delegable al conjunto Estado/Gobierno/políticos, a quienes vemos en propagandas de TV adjudicándose, como propio, los $100 a los 70, lo que es deleznable.

El trabajador recibe su salario porque existe un derecho contractual; lo mismo que quien vende empanadas. Así, le pagamos al vendedor no porque este tiene un derecho a un salario digno, sino porque nos dio una empanada.

Artículo publicado en el diario La Prensa el lunes 15 de octubre de 2012.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s