Panamá se está quedando sin billetes de un dólar

Por Omar Sanabria.

A más de un año de la acuñación de monedas de un Balboa, se está empezando a sentir el deterioro en los billetes de un dólar, puesto que el gobierno no ha tenido contemplado realizar nuevas reposiciones. De continuar esta política, llegará el momento en que no se puedan utilizar los dólares y la población forzosamente tendrá que aceptar los Balboas; este efecto sucede en Ecuador, quienes utilizan la moneda de un dólar estadounidense, mientras los pocos dólares en circulación no son aceptados debido a su desgaste. La diferencia con Panamá, es que utilizan una moneda aceptada internacionalmente.

La acuñación de Balboas está haciendo que se sustituya los dólares, que cuentan con un valor real, por una moneda con un valor nominal. El valor nominal es aquel que se establece mediante una ley; mientras que el valor real, es aquel que se determina en el mercado, producto de la valuación de las personas. Por ejemplo, en Cuba, un CUC tiene un valor nominal equivalente a un dólar estadounidense; sin embargo, fuera del país es imposible cambiarlo y, por lo tanto, no tiene valor real. Otro ejemplo sucede en Argentina, país que actualmente trata de mantener un valor nominal de cuatro pesos por un dólar estadounidense, mientras en el mercado, el valor real es de seis pesos (aproximadamente) por cada dólar.

Sin dar mayores motivos, el gobierno ha manifestado que ya no se acuñarán más monedas. Dado que los dólares tenderían a desaparecer por su desgaste, las monedas de Balboas que hay en circulación no podrán suplir la demanda en el mercado. Quizás cuando se presente este escenario, el gobierno se encontrará con la encrucijada de si seguir acuñando monedas con valor nominal, o nuevamente realizar la reposición de billetes.

Aunque el gobierno decida reponer lo dólares dañados, los agentes privados deben plantearse alternativas para romper el monopolio estatal de suministro de dólares. Una propuesta que siempre he manifestado es el de crear una mesa de dinero privada, la cual reponga los dólares de los bancos que la integren, o para quienes soliciten el servicio. Otra propuesta sería que los bancos tuvieran la oportunidad de emitir su propio dinero, con respaldo de dólares, como se practica en algunos bancos de Hong Kong, quienes utilizan sus propias notas respaldadas con el Hong Kong Dólar (HKD).

La población ha demostrado un rotundo rechazo a las monedas, ya sea por su incomodidad o por falta de confianza, pero como ciudadanos, poco podremos hacer para evitar la falta de dólares en el mercado. Ante esta situación, invito a toda persona que tenga la posibilidad de traer dólares del extranjero, lo haga, ya que hasta ahora es el único medio que tenemos para seguir utilizando el dólar como dinero. Panamá se está quedando sin billetes de un dólar, producto de una de las políticas económicas menos acertadas de toda la vida republicana panameña.

Artículo publicado en el diario La Estrella el viernes 19 de octubre del 2012.

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Destrucción inflacionaria de auténticos derechos

Por John A. Bennett N.

Hoy día una de las mayores fuentes de conflictos sociales surge a partir de una errada concepción de lo que es, o no, un derecho humano; problema que se arraiga en esa pútrida tendencia de malos políticos de comprar adherentes mediante el otorgamiento de dádivas; en este caso, la de derechos espurios. En toda comunidad siempre habrá quienes prefieran sustentarse a costillas de los demás, en vez de ser ellos los propios gestores de su sostén. El problema con esto es que los empleos y otras ayudas que reciben en base a su adherencia política no solo son improductivos, sino destructivos de la riqueza ciudadana. ¿Y qué va a saber o importarle a tantos estas realidades, si lo que les interesa es estar en la papa?

Así vemos que uno de los vehículos para proporcionar esas dádivas es mediante su justificación, al disfrazarlas de “derechos humanos”; tal como proponer o legislar que el agua es un derecho humano. Al hacer esto, vamos inflando los auténticos derechos humanos para incluir otros que suenan muy bien, pero son irreales e insostenibles; y eso lo estamos viendo por toda Europa, EU y otros países en crisis que nos llevan la delantera en la truculencia del bienestarismo. El proceso de degradación de los legítimos derechos humanos se ha dado de manera sutil; lo que ha degenerado en casos tan absurdos como el derecho de todo minusválido al desahogo sexual o el de un sindicato italiano a vacaciones anuales, pagas a cualquier parte del mundo.

Ayn Rand advirtió que una tiranía colectiva no esclaviza al país a través de una confiscación directa de sus valores… Ello ocurre a través de un proceso de corrupción interna, análogo al proceso de la destrucción inflacionaria del valor de una moneda. Así, al final del día, los principios espurios se constituyen en la negación de los auténticos.

Ya en el siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes lo explicaba así: Imagínense a dos náufragos en una isla desierta, sin otra cosa que sus derechos humanos y, en particular, el derecho al trabajo, tal como aparece en la declaración de la ONU. Podemos imaginarles allí sentados, cada uno insistiendo al otro que cumpla con su “derecho” de ser empleado, a no menos del salario mínimo. Esta es una preocupante realidad en el mundo actual.

Podemos renegar del capitalismo y su mercado, pero son la única solución práctica y sostenible. La solidaridad es asunto de cada quien y no es delegable al conjunto Estado/Gobierno/políticos, a quienes vemos en propagandas de TV adjudicándose, como propio, los $100 a los 70, lo que es deleznable.

El trabajador recibe su salario porque existe un derecho contractual; lo mismo que quien vende empanadas. Así, le pagamos al vendedor no porque este tiene un derecho a un salario digno, sino porque nos dio una empanada.

Artículo publicado en el diario La Prensa el lunes 15 de octubre de 2012.

La razón del capitalismo

Por Irving H. Bennett y John A. Bennett N.

Tanto Karl Marx como Friedrich Engels sentenciaron que antes del capitalismo los humanos se ocupaban en la mayor haraganería imaginable, y que el sistema capitalista “fue el primero capaz de demostrar lo que podía lograr la actividad humana… que llegó a crear las más colosales y productivas fuerzas que todas las demás generaciones juntas”. Los secretos del éxito capitalista están basados en su mayor capacidad de gestionar y motivar las organizaciones de las fuerzas laborales conjuntas y para producir beneficios comunes. ¿Cómo fue entonces que hoy día tantos vean al capitalismo como algo perverso?

El capitalismo está fundado en la razón que reside en la “caput” o cabeza, mientras que el socialismo y el mercantilismo residen en las vísceras. El primero reconoce la cruda naturaleza del mundo y busca cómo lidiar con ella; mientras que los otros dos rechazan dicha naturaleza y pretenden suplantarla a través de una planificación central delegada a los aparatos políticos, en contraposición a los económicos, que funcionan al nivel de la persona humana.

Pero mucho más curioso que lo señalado es la realidad ofuscada de que el capitalismo tuvo su origen en los conceptos de libertad y responsabilidad de la fe cristiana. Desde su inicio la fe cristiana estuvo fundamentada en la razón que el Creador entregó al hombre, que abrió los caminos hacia el futuro, a diferencia de otras religiones basadas en el pasado, como en el mito del retorno eterno. Todo esto está en la historia de los monasterios y sus escuelas, que conducen a las escuelas catedralicias y luego a las universidades, tales como la de Salamanca. En fin, el capitalismo, en su esencia, es la aplicación sistematizada y sostenida de la razón aplicada al comercio.

Los éxitos del occidente, incluyendo la emergencia de las ciencias, descansaban completamente sobre los fundamentos religiosos; y quienes se ocuparon en ello eran los más devotos cristianos, que culminan en santo Tomás de Aquino. Pero esta realidad se confunde o pierde dentro de la tentación siempre presente de pensar que el comercio y el trabajo lucrativo eran pecaminosos o indignos del hombre culto; realidad que aún persiste.

Max Weber propuso que el protestantismo fue el que abatió la errada noción del mal inherente en el comercio; pero esa falacia se ve en el hecho de que el capitalismo en Europa precedió a la Reforma por muchos siglos. De hecho, el germen de las organizaciones industriales capitalistas ya existía en los grandes monasterios cristianos; y aunque las condiciones materiales para la existencia del capitalismo existían en muchas civilizaciones en diferentes eras, como en la China, India, Bizancio, Grecia, Roma y en el islam, ninguna de estas desarrolló un verdadero capitalismo, que acompañara el desarrollo de la ciencia, el arte, agricultura y las instituciones caritativas, gremios, etc., por su incapacidad de desarrollar una visión ética y filosófica compatible con el dinamismo económico.

La realidad teológica del libre mercado aún sigue reflejada hoy día en las encíclicas papales, tales como Centesimus annus del papa Juan Pablo II que advierte acerca de la necesidad de “preservar los mecanismos del libre mercado, asegurando, por el intermedio de una moneda estable y una armonía social, las condiciones propicias para un crecimiento económico dentro del cual la gente puede asegurarse un mejor futuro para sí y para sus familias”.

Pero aun así el capitalismo moderno solo prosperó donde no era conculcado por codiciosos déspotas, debido a que el verdadero capitalismo solo prospera en libertad; lo cual nos lleva a investigar por qué en unos sitios sí y en otros no prosperaba la libertad. Nuevamente aquí la respuesta debemos atribuirla al desarrollo y perfeccionamiento de la razón. Los teólogos cristianos venían teorizando sobre la naturaleza de la igualdad y de los derechos individuales; al punto que ello fue derivado en los trabajos de teóricos seculares tales como John Locke.

En síntesis, el surgimiento de la civilización occidental se basó en cuatro razones; la primera siendo el desarrollo de la fe en el contexto de la teología cristiana. La segunda es que el progreso se traduce en innovaciones técnicas y organizacionales; muchas de las cuales emergieron en y alrededor de los monasterios. La tercera fue que gracias a la teología cristiana la razón iluminó tanto la filosofía política como la práctica, promoviendo más libertad. Y la victoria final tuvo que ver con la aplicación de la razón al comercio, con lo cual se fue desarrollando el capitalismo.

Entonces, para contestar la pregunta del primer párrafo, sobre el envilecimiento del comercio, debemos buscar entre los sentimientos de envidia ante el enriquecimiento sano y no en un desarrollo racional de tal envilecimiento.

Muchos piensan que libertad es hacer lo que se viene en ganas, mientras que la verdadera es la de hacer lo que se debe, lo cual requiere coraje, responsabilidad y gran disciplina, cualidades que como ya hemos visto a través de la historia, no son tan comunes.

Artículo publicado en el diario La Prensa el lunes 1 de octubre de 2012.