¿El origen moral de las recesiones?

Por John A. Bennett N.

La actividad económica de los pueblos está centrada en la persona humana, en su familia, y más allá en el barrio y la sociedad civil, todo lo cual debía reflejarse en los organismos políticos y, finalmente, en el Gobierno; pero… ¿es así como funciona el asunto en nuestro patio?

La Constitución panameña, en su artículo 282, dice que la economía “corresponde, primordialmente, a los particulares”, y los particulares funcionan en el ámbito familiar y de su comunidad inmediata; si es que estas son funcionales. Y cuando tenemos una crisis económica en el ámbito familiar es probable que allí primen problemas morales que afecten la funcionalidad del conjunto familiar. En síntesis, no es difícil predecir un descalabro económico cuando vemos una crisis moral en el ámbito familiar; lo que asusta, ya que en nuestro país más del 75% de los niños nace fuera del matrimonio.

Los valores pueden ser buenos o malos. Una sociedad que se aleja de la independencia individual y la va remplazando con dependencia a los dictámenes de los aparatos politiqueros tiene asegurado malos días. Esto lo podemos ver reflejado con gran claridad en las plataformas políticas de todos los partidos en nuestro país; las cuales son un guacho de ideas desasociadas, vacías de contenido espiritual. Todo el que maneja un buen presupuesto familiar sabe bien que no se puede gastar lo que no se tiene, y que proyectar repagos en base a expectativas futuras es muy riesgoso; particularmente cuando se trata de gobiernos que miden sus expectativas en quinquenios. Y cuando hablamos de capital, debemos comenzar por el mayor de los capitales que es el humano; es esa capacidad interna a cada persona que le permite diferenciar entre el bien y el mal, facilitando así su interacción con los demás en acciones de mutuo consentimiento, libres de una coerción central política.

Para que la economía sea sana y florezca tiene que ser moral; tiene que tener un fundamento filosófico que debemos llevar a la práctica. La misma palabra “capital” viene del latín cápita que significa “cabeza”; y es allí en donde reside nuestra capacidad económica, que nace en centro medular de cada quien.

Quienes se oponen al capitalismo se oponen a su propia realidad, la que delegan al sistema central para que les indique cómo pensar y cómo y cuándo deben actuar económicamente. Todo ello bajo la suposición de que si el conjunto Estado/gobiernos/políticos no está allí para guiarnos y protegernos de nosotros mismos, los ambiciosos empresarios nos aplastan. Pero la misma palabra “empresario” la hemos viciado, pues muchos la consideran sinónimo de vivo o aprovechado. Empresario es quien emprende una aventura comercial, y si la mayoría de los emprendedores carecen de moral, esa sociedad zozobra.

Una sociedad sin emprendedores libremente creativos, que aporten al conjunto comunitario, es una sociedad recesiva.

Artículo publicado en el diario La Prensa el jueves 20 de septiembre de 2012.

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