De castas parasitarias

Por John A. Bennet N.

Existen buenos y malos caminos y lo grave no está tanto en que a veces caminemos mal, sino en que el mal andar se vuelve lo ‘normal’; pues, las consecuencias de ello podrán ser lerdas, pero sus efectos serán mayores y más perdurables.

Me refiero al surgimiento de políticas intervencionistas contemporáneas que tienen su origen alrededor a principios del Siglo XX, que vio nacer movimientos ‘progresistas’, que más bien eran retrógradas y ‘liberales’, que poco se asocian con las libertades.

Estas tendencias fueron gestando una casta burocrática central, que supuestamente se requería para subsanar los excesos de los mercados. Lastimosamente, estos defensores de la sociedad se desbocaron, convirtiéndose en el problema. Como bien reza el dicho gringo: ‘Si no está roto, no lo arregles’; o su variante: ‘Si no lo puedes mejorar, no interfieras’.

Pero vaya si la interferencia en la vida ajena ha campeado, y como bien señala Hana Fischer —autora del libro Democracia o Dictadura de las Mayorías—, ‘Nuestras democracias —incluidas las de los países desarrollados— son cada vez más autoritarias, debido a que la separación de poderes —o para expresarlo mejor, la fragmentación del poder— se está convirtiendo en una ilusión. El parlamento suele delegar sus atribuciones en el Poder Ejecutivo, y este las delega sobre un aparato burocrático, que es cada vez más autónomo y poderoso. Los intereses de la burocracia suelen ir en contra del bienestar general’.

Luego sigue Hana alertando: ‘En 1929, el Lord Chief Justice, el citado Lord Hewart, publicó una serie de artículos periodísticos en los cuales trató de alertar a la población, acerca de lo que estaba ocurriendo dentro del Servicio Civil y de sus lamentables consecuencias. Él señaló, que la propia fuerza de los hechos estaba llevando, a que un campo cada vez más amplio de la autoridad administrativa quedara fuera del alcance de la ley ordinaria. Enfatizó, que ese proceso era injustificable, y que no importaban los motivos o intenciones aducidos para fundarlo. Asimismo, sacó a la luz lo que estaba oculto: que poderes arbitrarios habían sido conferidos a un número inmenso de funcionarios públicos’.

‘La mayor inquietud de Lord Hewart era, que al Poder Ejecutivo se le había facultado a legislar en asuntos sustantivos desde el punto de vista político. El procedimiento era el siguiente: se sancionaban estatutos que estaban apenas delineados, dejando que lo sustancial de la ley fuera completado mediante regulaciones. Él enfatizó que esa era la tarea propia del Parlamento, y que se debía delegar poderes únicamente con el objetivo de incluir detalles de tipo técnico o administrativo. Para colmo, esas medidas situaban al Ejecutivo fuera del alcance de la Justicia’.

Lo grave es que las castas politiqueras conjuntamente con sus huestes que llamamos ‘servidores públicos’, a través de toda clase de subsidios y seudo derechos, ha infectado a gran parte de la población que ya no produce, sino consume riqueza y vota por los políticos que más gracias derramen sobre ellos.

Artículo publicado en el diario La Estrella el viernes 11 de mayo de 2012.

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