Lucha entre tiranos y tecnología

Por John A. Bennett N.

Los ávidos de poder siempre se inclinan hacia la dominación y control de las actividades ciudadanas y particularmente las económicas; y hoy día, con los vertiginosos adelantos tecnológicos, el intervencionismo es una limitante del desarrollo. Así vemos que muchos gobiernos se esmeran para entrar a la era digital; pero desafortunadamente muchos ven la tecnología como una nueva herramienta de control y no de liberación y agilidad.

Y con la excusa de proteger a los más débiles siguen creando más obstáculos que siempre terminan golpeando precisamente a los que menos aguantan. Hoy, en el mundo harto complejo que vivimos el intervencionismo es más dañino que nunca. Mi hermano Richard, una vez me dijo: “si llevas a tu perro a pasear con cadena y otro perro lo ataca, suéltalo para que pueda defenderse.”

No son los controles estatales que producen riqueza sino la gente ejerciendo el libre comercio, que no se compagina con el intervencionismo; salvo que sea para proteger la vida y los derechos de propiedad de cada quien. La competencia y la volatilidad de los precios hacen imprescindible que nos suelten la cadena para que podamos defendernos.

No debemos confundir igualitarismo con mercado, ya que no se puede lograr excelencia sin competitividad y diversidad; y el progreso es sinónimo de cambios y diferencias, que sin libertad no prospera. Dios dio al hombre la facultad de elegir, y no es de gobiernos contrariar al Creador.

La tecnología siempre va por delante de la politiquería y las leyes; y precisamente por ello es que hoy día vemos a los malos gobernantes dando más rienda suelta a sus  huestes burocráticas para reglamentar independientemente del poder legislativo electo, o para controlarlo.

A diario me encuentro con empresarios que se quejan de pasar demasiado tiempo atendiendo normas burocráticas que no tienen sentido y quitan tiempo esencial de lo importante. Y es que para el burócrata lo inaceptable es quedar fuera de la papa; y por ello alegan cosas como: “estamos trabajando por ustedes,” lo cual cada día es más difícil creer.

Existe un vínculo inextricable entre libertad y tecnología; ya que la información empodera a la gente. Por ello el espanto que sienten los tiranos por el Internet. Odian que los capitales tengan alas cibernéticas, porque para ellos lo esencial es lo fiscal y no que la gente busque su propio camino.

Lo que más se comercia por Internet son las ideas; esas que son odiosas para los tiranos; y es imperativo que adoptemos políticas ágiles que liberen el comercio y las inversiones, como elemento de liberación de los pueblos.

Artículo publicado en el diario La Prensa el sábado 12 de mayo de 2012.

De castas parasitarias

Por John A. Bennet N.

Existen buenos y malos caminos y lo grave no está tanto en que a veces caminemos mal, sino en que el mal andar se vuelve lo ‘normal’; pues, las consecuencias de ello podrán ser lerdas, pero sus efectos serán mayores y más perdurables.

Me refiero al surgimiento de políticas intervencionistas contemporáneas que tienen su origen alrededor a principios del Siglo XX, que vio nacer movimientos ‘progresistas’, que más bien eran retrógradas y ‘liberales’, que poco se asocian con las libertades.

Estas tendencias fueron gestando una casta burocrática central, que supuestamente se requería para subsanar los excesos de los mercados. Lastimosamente, estos defensores de la sociedad se desbocaron, convirtiéndose en el problema. Como bien reza el dicho gringo: ‘Si no está roto, no lo arregles’; o su variante: ‘Si no lo puedes mejorar, no interfieras’.

Pero vaya si la interferencia en la vida ajena ha campeado, y como bien señala Hana Fischer —autora del libro Democracia o Dictadura de las Mayorías—, ‘Nuestras democracias —incluidas las de los países desarrollados— son cada vez más autoritarias, debido a que la separación de poderes —o para expresarlo mejor, la fragmentación del poder— se está convirtiendo en una ilusión. El parlamento suele delegar sus atribuciones en el Poder Ejecutivo, y este las delega sobre un aparato burocrático, que es cada vez más autónomo y poderoso. Los intereses de la burocracia suelen ir en contra del bienestar general’.

Luego sigue Hana alertando: ‘En 1929, el Lord Chief Justice, el citado Lord Hewart, publicó una serie de artículos periodísticos en los cuales trató de alertar a la población, acerca de lo que estaba ocurriendo dentro del Servicio Civil y de sus lamentables consecuencias. Él señaló, que la propia fuerza de los hechos estaba llevando, a que un campo cada vez más amplio de la autoridad administrativa quedara fuera del alcance de la ley ordinaria. Enfatizó, que ese proceso era injustificable, y que no importaban los motivos o intenciones aducidos para fundarlo. Asimismo, sacó a la luz lo que estaba oculto: que poderes arbitrarios habían sido conferidos a un número inmenso de funcionarios públicos’.

‘La mayor inquietud de Lord Hewart era, que al Poder Ejecutivo se le había facultado a legislar en asuntos sustantivos desde el punto de vista político. El procedimiento era el siguiente: se sancionaban estatutos que estaban apenas delineados, dejando que lo sustancial de la ley fuera completado mediante regulaciones. Él enfatizó que esa era la tarea propia del Parlamento, y que se debía delegar poderes únicamente con el objetivo de incluir detalles de tipo técnico o administrativo. Para colmo, esas medidas situaban al Ejecutivo fuera del alcance de la Justicia’.

Lo grave es que las castas politiqueras conjuntamente con sus huestes que llamamos ‘servidores públicos’, a través de toda clase de subsidios y seudo derechos, ha infectado a gran parte de la población que ya no produce, sino consume riqueza y vota por los políticos que más gracias derramen sobre ellos.

Artículo publicado en el diario La Estrella el viernes 11 de mayo de 2012.

La danza de los limones

Por John A. Bennett N.

En inglés un limón no solo es una fruta, sino también se refiere a algo que no sirve; tal como un auto nuevo que no anda y cada vez que lo mandan al taller, sale igual o peor. La oración, “la danza de los limones” se refiere a la práctica gubernamental de reasignar profesores que no sirven a otras escuelas, en vez de despedirlos; o también se conoce como el juego de silla musical. “No sirven”, no solo es en el sentido de que enseñan mal, sino que van ebrios, se duermen en clases y hasta han tenido relaciones sexuales con estudiantes.

Esperando a Supermán es un documental que analiza el fracaso del sistema público estadounidense a través de la experiencia de estudiantes en escuelas gubernamentales que esperan, con ansias, ganar un puesto en las escuelas chárter, mediante sorteos que deben efectuarse debido a que no alcanzan los cupos para el ingreso a dichos centros educativos. El título de la obra se centra en la entrevista a Geoffrey Canada en la que este recuenta cuando su madre le dijo que Supermán no existía, y de cómo ello lo asustó porque ya no habría nadie que lo viniera a salvar.

Las escuelas chárter son escuelas gubernamentales que operan bajo un régimen autónomo que les dispensa exenciones de muchos de los requerimientos procesales típicos de escuelas gubernamentales y que son administradas autónomamente, incluso por instituciones y empresas privadas, tal como Sabis Internacional. A este tipo de escuela originalmente se les conoció como “escuelas por elección”. En otras palabras, “como si fuesen privadas”. En Inglaterra se les llama “escuelas libres”.

¿Y por qué no se puede despedir a los malos educadores en el sistema gubernamental? Es difícil imaginar que no se pueda despedir a un mal profesor; algo así como tener que ir a un mal médico. El problema yace en la permanencia que ha sido lograda por sindicatos como una “conquista laboral”. En otras palabras, han conquistado el arte de la mala educación. En el fondo, el poder de los gremios magistrales viene a través de su influencia con los políticos adictos a los votos. Prueba de la eficacia sindical en el estado de California, es que de sus 35 mil profesores entre 1990 y 1999, solo se pudo despedir a uno a través del proceso oficial. La danza de los limones es endémica en las escuelas gubernamentales, ya que en las privadas los educadores son evaluados por la administración, basándose en sus propias pruebas, experiencias y evaluación subjetiva; lo cual sería pecado en el sistema centralizado.

La moraleja es: si quieres que funcione bien, quítaselo al Gobierno. Por algo la ministra de Educación declaró que había que “blindar” la educación de la política, refiriéndose a los adelantos que su administración está logrando, pero sin garantías de que el sistema corrupto no se lo vuelva a tragar.

Artículo publicado en el diario La Prensa el miércoles 9 de mayo de 2012.