Moneda y libertad

Por John A. Bennett N.

Muchas personas y en particular economistas liberales austríacos han venido prediciendo con inusitada exactitud desde hace casi cien años las catástrofes económicas del siglo pasado y del presente; la única diferencia es que cada vez las crisis se han incrementado en intensidad y duración. Una de esas personas fue Hans F. Sennholz, doctor en economía bajo la tutela de Ludwig von Mises. Sennholz llegó a ser educador catedrático en economía, escritor de obras económicas a través de las cuales abordó el tema monetario y bancario, conjuntamente con los del financiamiento público, llegando a publicar más de mil obras, incluyendo 17 libros. Sennholz venía advirtiendo, desde los años 1980, las consecuencias de seguir aplicando los mismos remedios, los cuales en realidad son venenos, típicamente santificados por los economistas del mainstream –corriente prevalente–, consistente en el intervencionismo estatal en la economía ciudadana, a través de diversos mecanismos, pero principalmente a través del control monetario, del financiamiento y control de las tasas de interés.

El argumento central de Sennholz es que la acción estatal siempre tiende a lo político y no es compatible con lo económico; debido a que los agentes políticos rara vez buscan otra cosa que no sea incrementar el gasto público, para lo cual requieren inventar nuevos métodos de ingreso fiscal, tal como el “señoreaje” o “ladronaje”.

Sennholz advierte que no es imposible contar con una moneda sana, el problema es que los Gobiernos han hecho que ello sea ilegal. Leyes que obligan a los ciudadanos a aceptar las monedas que imponen los gobernantes y que frecuentemente su único valor es de confianza o “fíat”.

La razón fundamental de los precios desbocados actuales se debe a una emisión descontrolada y descabellada por parte de los Gobiernos emisores. Si la moneda es la representación viva del trabajo de cada quien, ¿cómo es que cada quien no puede escoger libremente la moneda de su predilección? De poder elegir, ¿Cuál sería la moneda de predilección de los panameños?

En el fondo la interrogante o duda fundamental sería: si los ciudadanos pueden suplir sus necesidades industriales, alimenticias, de salud, científicas y tantas otras, ¿acaso no podrían suplir sus necesidades monetarias sin la tutela de los políticos? ¿Cómo es que los ciudadanos somos libres para algunas cosas y no para otras? Y no hablo de las inmorales.

La libertad monetaria se puede y debe extender a la libertad bancaria, dentro de un sistema competitivo que dé lugar a las mejores opciones. Si cada día nos atamos más y más a los designios políticos, seguiremos perdiendo la libertad en el manejo de nuestros ahorros en forma de dinero y las crisis seguirán arreciando y profundizando; y como bien señaló el congresista estadounidense Steve Symms: “El gobierno ha causado el problema; y sólo los hombres libres pueden resolverlo.”

Artículo publicado en el diario La Prensa el sábado 10 de marzo de 2012.

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