Subir impuestos no es lo mismo que recaudar más

Por John A. Bennett N.

¿Será efectivo subir los impuestos al trabajo y al ahorro para solucionar el déficit de un Estado? Esta es la magnífica pregunta que nos presenta Juan Morillo Bentué desde el Instituto Juan de Mariana. Y es que las clases medias en países como España, que ya han recorrido más tiempo por los caminos de un centralismo lóbrego están agotadas y endeudadas; porque ya los ricos mudaron sus inversiones a otras partes, mientras los pobres, simplemente no pagan impuestos, aunque sí sus consecuencias.

Qué fácil sería mejorar los ingresos con eternos aumentos impositivos cada vez que un gobierno inventa nuevos proyectos de lujuria política. El problema es que se chocan con la realidad de que una vaca sólo da cierta cantidad de leche, para luego secarse como ciruela pasa; como bien lo plasmó el célebre economista Arthur Laffer con la curva que lleva su nombre. Llega el momento en que los impuestos destruyen la producción, cada vez que los inversionistas ven que no tiene sentido invertir para que el tocino se lo traguen y despilfarren los políticos. Y nada de esto es misterio, ya que hasta el menor de los comerciantes sabe que no puede aumentar sus precios sin límites.

El gran reto que enfrenta a toda sociedad es cómo lograr que sus ciudadanos sean más productivos; pero no por intermedio de sus gobiernos y sus políticos sino directamente a través de sus habitantes, a título individual. Meterse en obras faraónicas es fácil, pero crear un suelo fértil para que el ciudadano común haga lo suyo es otra cosa muy distinta.

No existe la productividad sin el ahorro; y me estoy refiriendo al ahorro de los ciudadanos. Por ello es que una de las actividades primarias de todo buen gobierno está en favorecer el ahorro privado, pero no para que sea consumido por el Estado, sino para ser el vehículo de inversión por parte de los ciudadanos.

Este es el gran problema en que se han ido metiendo casi todos los gobiernos del mundo. Es un callejón sin salida, que una vez emprendido, y a medida que se va llegando a un punto de no retorno, la única vía de salida es el colapso. Llega el momento en que las malas políticas seudo sociales van destruyendo el motor productivo y de allí en adelante es casi imposible dar marcha atrás; porque dicha acción va en contracorriente a la gula de un pueblo que se ha acostumbrado al parte y reparte.

En síntesis, el gran reto que se nos presenta a los panameños es cómo reencontrarnos con los buenos caminos de la república fundada por nuestros antepasados y vertida en una constitución originaria, que desde esos tiempos no hemos hecho más que desnaturalizar.

¿Cómo le hacemos? Pongamos mucha atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, no sólo en países del patio que teniendo inmensos recursos van en una picada social y económica; sino en los del ‘primer mundo’, que pronto los tendremos de vecinos bananeros.

Artículo publicado en el diario La Estrella el miércoles 22 de febrero de 2012.

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