Ahora todos seremos zanahorias

Por Omar Sanabria.

La ‘Ley Zanahoria’, la cual establece un horario de consumo y venta de bebidas alcohólicas en establecimientos, fue impuesta en Panamá a través de un decreto ejecutivo y ha tenido a un gran grupo en contra, debido a que se nos quita nuestra libertad y pretender que todos seamos zanahorias. El término zanahoria es una jerga utilizada en algunos países latinoamericanos para referirse a las personas sanas que no toman o fuman.

El economista francés Frederic Bastiat identificó a la libertad, la vida y la propiedad como ejes que constituyen nuestra vida y que Dios nos dio a todas las personas el derecho de defender esos ejes. Las leyes surgen porque cada persona no puede imponer su derecho. Es por ello que la ley defiende de manera colectiva el derecho de cada persona. La ley surge de la acción humana y no del designio humano, tal como manifestó el filósofo escocés Adam Ferguson; es por ello que las primeras leyes no iban en contra de la acción humana y se deducían de acuerdo a costumbres de las personas.

Si Dios nos ha dado la facultad de decidir, entonces, ¿por qué otro tiene que hacerlo por nosotros? Esto ha sido producto de una tradición errónea del positivismo; según el profesor Arthur Shenfield, ‘los positivistas sostienen que el derecho significa legislación, que la legislación implica soberanía y que, por lo tanto, el derecho procede solamente del poder soberano’. Es por este error positivista, que basándose en el artículo 17 de la Constitución Política —la cual establece que las autoridades del país están instituidas proteger la vida, honra y bienes de los nacionales y extranjeros— que han fundamentado decretar la ‘Ley Zanahoria’.

El motivo de crear el decreto es el incremento de la violencia (riñas callejeras y violencia intrafamiliar) y accidentes de tráfico que ‘muchas veces’ han sido causados por el efecto del alcohol. Con o sin alcohol siempre van a haber accidentes y violencia; en el caso de Panamá, me atrevo a afirmar que no es el principal causante.

El decreto manifiesta que fue una medida para salvaguardar la seguridad, la integridad de las personas y evitar que participen o sean víctimas de hechos delictivos. Las personas tenemos la capacidad de decidir entre lo bueno y lo malo para proteger nuestras vidas; que haya un pequeño grupo que escoja lo malo, no es motivo para que consumidores, empresarios y trabajadores se vean afectados.

Aunque se cierren locales y no vendan licor, las personas buscarán el medio para hacerlo. Ya lo decía Bastiat, cuando las leyes y la moral se contradicen, el individuo tendrá la disyuntiva de perder la noción moral o el respeto de la ley. El consumir licor es moral, si no se atenta contra nadie y aunque se respeten los horarios del decreto, las personas seguirán consumiendo licor. Los Estados cada día se quieren entrometer más en nuestra manera de pensar, pero nuestras costumbres, por más ley o decretos que aprueben, no las harán cambiar.

Artículo publicado en el diario La Estrella el sábado 3 de diciembre de 2011.

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