Gobierno obeso, socialismo y pobreza

Por John A. Bennett N.

El socialismo está íntimamente ligado al tamaño del Gobierno debido a que, por su naturaleza, el Estado está dotado de todas las ventajas frente a los ciudadanos; un clarísimo ejemplo de ello lo tenemos plasmado en nuestra Constitución, artículo 282, cuando establece que: “El ejercicio de las actividades económicas corresponde primordialmente a los particulares; pero el Estado las orientará, dirigirá, reglamentará, reemplazará o creará, según las necesidades sociales…”. Como podrán ver, resulta burlesco que luego de advertir que las actividades económicas son propias de las personas –igual que respirar, caminar, comer y tal– el Estado tendrá la potestad de hacer lo que le venga en gana con ello. Obviamente, entonces la economía deja de ser asunto de las personas y pasa a ser asunto de los políticos.

En el artículo 282 tenemos una clarísima clarinada a la mentalidad estatista que ve que el Estado está por encima del ciudadano, hasta en lo más íntimo. La economía no es más que la potestad o actividad del ciudadano para hacer que sus ingresos limitados le alcancen para satisfacer sus necesidades. Así vemos como paradójico que el Estado, o sus políticos, tengan el conocimiento y la potestad de determinar cómo cada ciudadano puede comerciar mejor y más barato, todo bajo la baladí presunción de “necesidades sociales” que por ningún lado se definen. Esto no es más que entregar a los políticos un cheque en blanco para que hagan lo que les parezca en nuestras vidas. Hablamos de la libertad que tiene cada quien para administrar su vida, sin injerencias perniciosas. Pero el problema que enfrentamos es que nosotros mismos buscamos al rey que, conduciendo nuestras vidas, nos lleve al paraíso. ¡Vana ilusión!

Recién escuchaba a una representante de un movimiento sindical del gobierno que se opone a lo que ellos llaman “privatización” diciendo que el problema con la educación no era que fuese estatal sino que estaba mal administrada. Deberían leer a Marx, quien en un desliz de momento dictaminó que: “La política es el arte de buscar problemas, de encontrarlos por todas partes, de diagnosticarlos incorrectamente, para luego aplicar los remedios equivocados”. También dijo que el socialismo no es más que el reemplazo de la economía por política.

La única forma de “arreglar el gobierno” es miniaturizándolo. Es análogo a los gatos, que son las fieras más sanguinarias del reino animal; ¡gracias a Dios que son pequeños! Llevemos esto a la práctica. Si en Panamá el 80% de los ciudadanos no paga ISR, pero sí consume los recursos impositivos, no sería difícil saber lo que ocurre cuando esa mayoría llega al poder… Siempre votará por los políticos que les prometerían más y más. Lo único que logramos con esto es la creación de una nación de “clientes”. O nación de esclavos, que venden sus almas al mejor postor.

Mala política aquella en la que los ciudadanos solo aspiran a lograr un pasaje de bus más barato; una de políticos que se reúnen a considerar la posibilidad de una emisión de bonos con maduración a 100 años, lo que los pinta de cuerpo y alma; pues con semejante medida estarían endeudando a nuestros biznietos. Ello es entendible, puesto que nuestros descendientes aún no pueden ejercer el sufragio.

Artículo publicado en el diario La Prensa el viernes 18 de noviembre de 2011.

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