Garantías erosionadas

Por John A. Bennett N.

Es fácil determinar cuando la acción de un gobernante procura el mejor interés de su pueblo y cuando no. Cualquier acción gubernamental orientada a aumentar la autodeterminación del ciudadano, como persona, es sana; las demás solo son caminos a la servidumbre. En el caso de las impresoras fiscales, todo huele a servilismo; como si los ciudadanos existiésemos en virtud del gobierno y no al revés.

En los diarios vemos un costoso anuncio a plena página, pagado con nuestros impuestos y para convencernos de las bondades de pagar más al fisco, en el que se alegan necesidades como 100 a los 70, la Beca Universal, la Red de Oportunidades y otros proyectos que se suponen nos sacarán las castañas del fuego, algo que está por verse.

El mal de todo está en que hemos perdido la capacidad crítica, al punto de no advertir cuándo se vulneran nuestros derechos. El pele police, por ejemplo, es una herramienta útil, igual que las armas de fuego, pero no están para usarlas indiscriminadamente. Lo que nos debe preocupar es que se insista en el derecho de la policía de usarlas, violando preceptos constitucionales. En cuanto a las impresoras, ¿Está bien que el gobierno nos prescriba qué avisos ponemos en nuestras propiedades? ¿O que te pare un agente de gobierno en la calle para pedirte un recibo al salir de una tienda? ¿Estamos perdiendo las chavetas o qué nos pasa?

Los gringos se han dado cuenta del inmenso daño en que devienen estás actuaciones arbitrarias, con sus múltiples y pérfidas consecuencias sociales, al punto que los candidatos a la Presidencia por el Partido Republicano prometen una simplificación del sistema impositivo; debido a que el actual es uno de los causantes del atolladero en que se encuentra su país.

Una persona que emigró a Panamá, espantada porque veía cómo su país se convertía en un Estado totalitario, se pregunta si salió de Guatemala para guatepeor. Pensarán que exagero, pero así comienzan estas cosas; no hay pequeñas violaciones a nuestros derechos constitucionales, igual que no hay tal cosa como estar levemente embarazada.

Hoy solo los viejos recuerdan cómo caímos en la dictadura. Las señales estaban por todas partes, pero nadie las veía. Recuerdo garitas de policía, como la de Arraiján, en donde debías hacer alto hasta que un policía somnoliento y con cara de semidiós te señalara que podías continuar. Debemos oponernos a que usen el sistema jurídico para perseguir, ya sea fiscal o penalmente, a los ciudadanos cuya presunción de inocencia es el pilar que sostiene el sistema republicano democrático. ¿Por qué no nos encarcelan a todos por prevención? Algún maleante, seguro, que agarran. Más vale mil delincuentes sueltos que un solo inocente preso. Que no vengan con el cuento de que lo hacen por nuestra seguridad, para ello no hace falta despojarnos de nuestros derechos ciudadanos. El peligro está en la erosión de nuestras libertades.

Artículo publicado en el diario La Prensa el lunes 7 de noviembre de 2011.

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