Hablando de ‘respeto’

Por John A. Bennett N.

Mucho se habla de ‘respeto’ hacia los agentes del orden público, lo cual está muy bien, pero siempre recordando que esa es una calle de dos vías.

Más aún, el respeto es algo que se dispensa entre todas las personas maduras y bien educadas. Pero las interrogantes que surgen en torno al tema son muchas, comenzando porque existen comportamientos que se perciben como agresivos y que promueven respuestas agresivas e irrespetuosas.

En el caso de los policías, estos, al igual que sus jefes, deben tener muy claro que el mismo hecho de ser detenido, particularmente cuando no media causa justificable para la vulneración del precepto constitucional de libre tránsito, constituye un acto de violencia e irrespeto; el cual sólo puede ser excusado en virtud de la comisión de un delito o sospechas razonables de ello.

Por las razones expuestas, los policías deben ser instruidos a ser muy cordiales con los ciudadanos y no como ocurre con frecuencia, que se muestran superiores y altaneros. Más aun, el buen policía, ese que está bien adiestrado y consciente de que su trabajo incomoda, no debe tener piel delgada; entre otras razones, porque quien está armado hasta los dientes es él.

Uno de los disparates mayores de la ley panameña es aquello del irrespeto a los llamados ‘agentes del orden’, porque se presta para abusos de parte de un personal que ya tiene demasiados alicientes para avasallar al ciudadano; y para ello no les hemos contratado.

Las verdaderas autoridades bajo cuyas órdenes operan los policías deberían estar muy conscientes de que en la población existe una minoría de personas típicamente delincuentes y que por ello y para ello es que se adiestra al personal de policía. Igual que deben saber cómo lidiar con el malo, deben saber cómo lidiar con el bueno.

No debe existir ninguna consideración hacia el policía grosero, pues al serlo está en contravención directa a los términos y condiciones de su trabajo. El hecho de que ‘estén arriesgando sus vidas’ tampoco justifica un comportamiento descomedido hacia el ciudadano. En fin, el respeto es algo que se gana, no algo que se impone.

Los mafiosos imponen el respeto del miedo. El buen policía promueve el respeto de quien es apreciado y admirado. Da gusto encontrarse con policías atentos y corteses, pero mi experiencia me ha demostrado que no es raro encontrarse con la variedad soberbia, que despierta recuerdos de épocas muy lúgubres.

En cuanto a que si los retenes y el Pele Police sean para ‘dar más seguridad’, es muy discutible. Estas son herramientas que pueden ser bien o mal utilizadas y su uso indiscriminado y abusivo no es productivo ni justificable. Si los policías se dedicaran más a detener a tantos desordenados que abiertamente pululan nuestras calles, es a estos a quienes deben aplicar el Pele Police, que jamás debía ser una herramienta de uso indiscriminado. Si quieren respeto, que respeten.

Artículo publicado en el diario La Estrella el jueves 6 de octubre de 2011.

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