Paradoja del crecimiento exponencial

Por John A. Bennett N.

Nuestro mundo está evolucionando de manera vertiginosa y con ello nos ha planteado una complicadísima paradoja. Y es que cada día necesitamos menos músculos y más cabeza. Necesitamos ser más serviciales en todo sentido, y para ello hace falta ser creativo, innovador y flexible, pero eso no es lo que están produciendo nuestras escuelas; particularmente las gubernamentales.

Y es que no podemos pedirle aguacates a la cañafístula. Nuestros gobiernos se empecinan en seguir haciendo aquello en lo cual son extraordinariamente incapaces… educar. No es asunto de reformas curriculares ni de que nuestros educadores sean minusválidos; lo que no funciona es el sistema centralizado politiquero.

Las empresas privadas que no funcionan bien quiebran. Cuando las estatales no funcionan, nos aumentan los impuestos y dilapidan más fondos para lograr peores resultados. El problema está en que no queremos enfocar la raíz del problema, y seguimos enfocando sus síntomas.

¿Podría llegar usted desde nuestra ciudad capital hasta Chiriquí en un automóvil de cambios manuales sin cambiar de primera a segunda? Obvio que no, pues, o se funde el motor o se agota el combustible. Esta es la analogía del mundo actual; y es que el auto del desarrollo necesita pasar a segunda, tercera, cuarta, quinta y posiblemente a décima, ¡ya! El problema es que nuestro sistema educativo es análogo al de la basura; es decir, que intentamos resolver corrientes abajo un problema que fue creado corrientes arriba. El lío de la basura tiene que ser corregido en las casas y empresas en donde se genera y no en un vertedero lejano, lleno de gallinazos que escondemos para olvidarnos que existe.

Nos encontramos en medio de una nueva revolución social y económica; comparable a la Industrial, pero con reglas completamente nuevas. Ahora al recurso no es muscular sin intelectual. Debemos cambiar por completo la manera en que aprendemos. El sistema académico tradicional y paralítico en que estamos varados fue ingeniado para la Revolución Industrial y no para el Siglo XXI.

En el mundo siempre hubo cambio y lo nuevo no es sino la velocidad del mismo. Nuestras escuelas siguen enfocándose en mejores exámenes, y en lograr embutir a los estudiantes con conocimientos anacrónicos. Creemos que porque enseñamos a nuestros hijas a pasar exámenes, ello los preparará para superar los retos de la vida.

Hoy, toda la información está en la Internet y en las redes sociales y no hay que memorizar sino saber en dónde está. ¿Para qué trasladar toda la información del Internet hacia nuestros cerebros? Si es que lo logramos, ya no nos queda espacio para las cosas importantes.

Lo más dramático y sorprendente de todo esto es que hoy los jóvenes aprenden mucho más cuando salen de la escuela que durante sus horas lectivas. Es así, porque fuera del aula cuentan con todos los recursos y más que nada, con el mayor de los recursos, que es ¡la pasión por aprender!, esa que apagan en los centros académicos estatales, porque el sistema se centra en los numeritos y no en la persona humana.

Atículo publicado en el dario La Estrella el viernes 16 de septiembre de 2011.

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