Los valores y la economía

Por Diego Quijano

Al hablar de los valores, primero debe reconocerse que, sin libre albedrío, no puede actuarse ética o moralmente. Sólo el individuo puede elegir y tomar acciones éticas o morales. No puede decirse lo mismo de un animal o un robot. Por eso, no acusamos al águila macho de inmoral cuando mata a su cría ni felicitamos al robot por responsable cuando cumple su labor.

Para que la moralidad o la ética entren en juego, se requiere de la interacción con otras personas. Un náufrago solitario no puede actuar éticamente. Solo el hombre libre en sociedad puede escoger actuar, con respecto a sus congéneres, de acuerdo a ciertos principios o reglas. Y es que la moralidad y la ética requieren que se reconozca la dignidad y la capacidad de ejercer el libre albedrío de las otras personas.

En contraposición, los individuos que actúan bajo órdenes, no pueden actuar de manera ética o moral. Si se me ordena ayudar a una señora a cruzar la calle, no soy solidario, sólo obedezco órdenes. Por ello, sólo cuando se me da la libertad de escoger entre robar y no robar, entre ayudar a la señora o no ayudar, es que demuestro mis valores.

¿Tiene algo que decir la economía sobre los valores? Se suele decir que no, que la economía entiende del dinero y no del respeto o la honradez. Con respecto a este punto, el economista Ludwig von Mises, en La acción humana, señala que ‘No es correcto decir que la honradez ‘no paga’. La honradez ‘paga’ a quien subjetivamente valora en más atenerse a ciertos principios que las ventajas que tal vez pudiera derivar de no seguir dichas normas’. Para ser honrado, tiene que existir la posibilidad de no serlo. Es así como se gana la reputación de honradez.

Supongamos que el gobierno interviene en la economía y dice: Hay que ayudar a los pobres, porque se mueren de hambre. Para ello, cobra impuestos y los alimenta. ¿Puede afirmarse que los individuos en este país han sido solidarios? No, porque para que haya un acto solidario se requiere la decisión de cada individuo y no la mera obediencia a un mandato coactivo. No se puede ser solidario, entregando riqueza ajena.

A veces nos puede parecer que las reglas éticas exigen sacrificar un beneficio personal. Pero en su mayoría, son todo lo contrario. Incorporan un conocimiento milenario implícito: Cumplir esas reglas tiende a generar un mayor beneficio para todos. Por ello, no hay ninguna sociedad en la que el homicidio, el robo o el no cumplimiento de las promesas hayan sido vistos con buenos ojos. Son las reglas elementales para que una sociedad prospere y, por ello, la conexión íntima entre ética, derecho y economía.

Artículo publicado en el diario La Estrella el jueves 29 de julio de 2011.

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