El Chance

Por John A. Bennett N.

”Chance”, es una palabra francesa que significa ”suerte”, pero también ”oportunidad”. Quienes claman por igualdad en realidad buscan erradicar lo fortuito, lo cual nos lleva a plantear si en este mundo ello es posible. Lo planteado es acerbo ya que la vida reparte cualidades favorables y desfavorables, las cuales se entrelazan con la capacidad y la suerte para colocar a unos en situaciones de ventaja mientras que otros quedan en desventaja. El gran problema de quienes se oponen a las libertades individuales es que bajo semejante esquema existirá la desigualdad, y ello deja la gran pregunta, de si es factible un sistema político que allane las diferencias.

El problema de intentar, mediante la intervención política, allanar diferencias inherentes o fortuitas, es que sólo se puede lograr bajo un sistema totalitario, y la experiencia histórica ha dejado muy claro que los sistemas totalitarios, tales como los socialistas, son completamente disfuncionales y logran lo contrario a lo que procuras; si no, vayan a preguntarle a Fidel Castro.

La realidad es que un obrero sin experiencia y mal remunerado tiene mejores posibilidades de prosperar en Panamá que en Venezuela, Cuba o Nicaragua. En dónde existe libertad es posible tomar decisiones personales que le pueden abrir la puerta para cambiar actividades y lograr acomodos, cosa que es casi imposible dentro de sistemas autocráticos, en dónde se le dicta a la persona la actividad, los precios, salarios y demás.

Tomemos el caso de Barú, ¿acaso están mejor los trabajadores de las antiguas bananeras que campesinos independientes en otras partes del país? En el primer caso existe una total dependencia de lo que hacen o no los demás miembros de la comunidad, mientras que en el segundo la situación de cada quien está más bien ligada a los conocimientos y habilidades de los individuos y familias.

En un sistema capitalista, el poder que tiene un millonario sobre sus empleados es mínimo en comparación con el poder que tiene hasta un mero funcionario en un sistema de poder centralizado, en dónde estos ejercen un gran poder de discrecionalidad y representan el poder omnímodo del Estado.

El propio Marx comentó que la evolución del capitalismo privado dentro de un sistema de libre mercado había sido la precondición para la evolución de las libertades democráticas. Pero Marx no se percató que si esto era cierto, la abolición de la propiedad y del mercado acabaría con todas las demás libertades.

Irónico que en un país en dónde el pueblo vive comprando “chance”, se pierda de vista que bajo un sistema dictatorial no podría existir la lotería, pues si te la ganas, el Estado repartiría todas esas ganancias en pro de la igualdad.

En fin, la auténtica función del Estado no es la de repartir nada, sino la de ver que nadie le tome ventaja indebida a otros, mediante la iniciación injustificada de la coerción. Si aprendemos esto, tendremos mejor chance de lograr la igualdad.

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