La educación y el ¿por qué?

Por John A. Bennett Novey

Todos recordamos cuando nuestros hijos nos preguntaban: ‘¿por qué?’, y lástima que con el tiempo fuimos perdiendo esa costumbre. Cuando leo tantos artículos que abordan el grave problema de la deseducación, en la mayoría de los casos quedo con la impresión de que sus autores estaban más preocupados de pavonear las delicias de su prosa, que en abordar el ‘¿por qué?’. Típicamente concluyen señalando que se requiere invertir más y reformar los programas, pero sin sustentarlo; de manera que regresaré a mi niñez y abusaré del ¿por qué?

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¿El maestro Estado?

Por John A. Bennett Novey

                Por regla general son pocos los que creen que las instituciones estatales son eficientes, al punto que si se les presenta la opción de elegir entre recibir algún servicio vía una entidad gubernamental o una particular, típicamente escogerían la particular; lo cual nos lleva a preguntar: ¿entonces por qué le encargamos al Estado algo tan crucial como la educación de nuestros hijos, o es que no existen alternativas?

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Se Requieren Emprendedores

Por John A. Bennett Novey

El 28 de noviembre pasado la periodista Mary Triny Zea escribió un interesante artículo intitulado “Un sueño que pocos realizan”, que resulta medular, ya que aborda realidades de un curioso fenómeno consistente en que son pocas las personas que eligen ser empresarios. Esto no debe ser extraño ya que abrir un negocio propio o ‘empresa’ es un cometido ‘arduo y riesgoso’ que requiere gran valentía. Esto es fácil de comprobar si tan sólo cotejamos la tasa de fracaso, según la cual a los diez años de diez empresas iniciadas sólo queda una en pie. Y ello no quiere decir que a esa le vaya de maravillas; pues puede estar en perdida, tablas, y algunas de ellas serán exitosas; nuevamente, en mayor o menor grado.

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El Chance

Por John A. Bennett N.

”Chance”, es una palabra francesa que significa ”suerte”, pero también ”oportunidad”. Quienes claman por igualdad en realidad buscan erradicar lo fortuito, lo cual nos lleva a plantear si en este mundo ello es posible. Lo planteado es acerbo ya que la vida reparte cualidades favorables y desfavorables, las cuales se entrelazan con la capacidad y la suerte para colocar a unos en situaciones de ventaja mientras que otros quedan en desventaja. El gran problema de quienes se oponen a las libertades individuales es que bajo semejante esquema existirá la desigualdad, y ello deja la gran pregunta, de si es factible un sistema político que allane las diferencias.

El problema de intentar, mediante la intervención política, allanar diferencias inherentes o fortuitas, es que sólo se puede lograr bajo un sistema totalitario, y la experiencia histórica ha dejado muy claro que los sistemas totalitarios, tales como los socialistas, son completamente disfuncionales y logran lo contrario a lo que procuras; si no, vayan a preguntarle a Fidel Castro.

La realidad es que un obrero sin experiencia y mal remunerado tiene mejores posibilidades de prosperar en Panamá que en Venezuela, Cuba o Nicaragua. En dónde existe libertad es posible tomar decisiones personales que le pueden abrir la puerta para cambiar actividades y lograr acomodos, cosa que es casi imposible dentro de sistemas autocráticos, en dónde se le dicta a la persona la actividad, los precios, salarios y demás.

Tomemos el caso de Barú, ¿acaso están mejor los trabajadores de las antiguas bananeras que campesinos independientes en otras partes del país? En el primer caso existe una total dependencia de lo que hacen o no los demás miembros de la comunidad, mientras que en el segundo la situación de cada quien está más bien ligada a los conocimientos y habilidades de los individuos y familias.

En un sistema capitalista, el poder que tiene un millonario sobre sus empleados es mínimo en comparación con el poder que tiene hasta un mero funcionario en un sistema de poder centralizado, en dónde estos ejercen un gran poder de discrecionalidad y representan el poder omnímodo del Estado.

El propio Marx comentó que la evolución del capitalismo privado dentro de un sistema de libre mercado había sido la precondición para la evolución de las libertades democráticas. Pero Marx no se percató que si esto era cierto, la abolición de la propiedad y del mercado acabaría con todas las demás libertades.

Irónico que en un país en dónde el pueblo vive comprando “chance”, se pierda de vista que bajo un sistema dictatorial no podría existir la lotería, pues si te la ganas, el Estado repartiría todas esas ganancias en pro de la igualdad.

En fin, la auténtica función del Estado no es la de repartir nada, sino la de ver que nadie le tome ventaja indebida a otros, mediante la iniciación injustificada de la coerción. Si aprendemos esto, tendremos mejor chance de lograr la igualdad.